14 octubre 2011

¿QUE Y CUANTAS SON LAS PYME?



La cuantificación de la problemática – sectorial y regional - en materia de las denominadas Pequeñas y Me­dianas Empresas es como mínimo engañoso y las estadísticas que se conocen y publican no dan nunca cuenta de una primera realidad insoslayable: por un lado la fragilidad de su estructura de capital y, por otro,  la altísima dispersión en materia de competitividad, tanto en lo que respecta a la propia como a la externa, motivado en el impacto diverso que la política pública tiene sobre el desempeño PYME.

En materia de estructura de capital, las PYME son cerradas (no hay movilidad accionaria) y en gran número de ellas, aunque revistan como sociedades anónimas u otras formas societarias, lo cierto es que en los hechos se trata de sociedades unipersonales, carecen de sistemas mínimamente colegiados en materia de decisiones, incluso, la sucesión en éstas empresas (es decir el proceso natural de transferencia del poder de decisión de padres a hijos es, muchas veces, una situación traumática.

Debe tenerse presente que el 98% de las empresas PYME son de capital nacional. Este aspecto es fun­da­mental para poder valorar su compromiso y responsabilidad frente a las políticas públicas. Negarles la partici­pación o directamente ignorarlas pone en evidencia cuáles son los intereses prioritarios de quienes las discri­minan e ignoran.

Pero para acentuar más éste rasgo, debe destacarse que no sólo en materia de estructura del capital la ti­pología PYME señala un comportamiento “unipersonal” sino que, adicionalmente, en un gran número de ca­sos, el Empresario forma parte activa de la “planta de personal”.

En términos generales, en las PYME el 84% de los que trabajan en ellas son trabajadores asalariados con contratos por tiempo indeterminado, el 10% son los propios empresarios que trabajan en las empresas eje­cutando tareas productivas (sean especificas o en el ámbito de la gestión) y el resto de los trabajadores (6%) se computan entre temporarios, pasantes, personal de agencia y familiares del titular.

La dispersión dentro del “universo PYME” se expresa en la convivencia de empresas exportadoras (sea  a mercados regionales como otros mercados más remotos y sofisticados) capaces de plantearse la pro­blemá­tica del “mercado nacional” con PYMES dedicadas exclusivamente a nichos de mercado interno en los cuales cumplen roles subordinados y cuya productividad es muy limitada por la falta de capacidad in­versora tanto como expresión de un conjunto de debilidades derivadas de la espontaneidad de su desarrollo como por la propia ausencia de una política pública que incentive y promueva la inversión.

Estos rasgos, escasamente reflejados por las estadísticas, son sólo ejemplos de una heterogeneidad que requiere no sólo un conocimiento cuantitativo sino primero un conjunto de especificaciones concep­tuales que permitan definir “tipologías” que faciliten primero el correcto diagnóstico y el desarrollo de pro­puestas de polí­tica pública que puedan generar impactos que contribuyan a satisfacer los objetivos em­presarios pero tam­bién los objetivos estratégicos de una política de desarrollo nacional.

En éste sentido las “estadísticas” que se reclaman para dar “mayor sustento y fundamento” a los dia­gnósticos que se formulan resultan imprescindibles pero no reflejan ésta marginalidad y éste “olvido”.

Un supuesto fundamental es necesario dejar claramente expresado. Cuando nos refiramos a ellas no de­be­mos olvidar que reflejan muestras y que esas muestras no reflejan de modo completo los problemas o, más bien, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que esas estadísticas reflejan del modo más incom­pleto la realidad de las PYME.

Un aspecto adicional es que, para muchos, la falta de elementos cuantitativos resta contundencia a lo que se desea reflejar. Tal tipo de afirmación nada dice sobre la falta de información oficial relevante en materia de PYMES. Más aún, la Secretaría PYME desarrollaba un denominado Mapa PYME que en lugar de profundizar y mejorar su calidad informativa, lo ha discontinuado.

No obstante lo expuesto, repasemos algunos números para tratar de especificar la naturaleza y caracterís­ticas de la cuestión que abordamos

Las estadísticas oficiales señalan que sólo el 0,13% de los locales (ámbito en los cuales se desarrolla un acti­vidad productiva sea industria, comercial, agropecuaria o de servicios) corresponde a Grandes Empre­sas mientras que el 99,87% entra en la categoría Micro, Pequeña o Mediana Empresa.

Esta sola demostración bastaría para fundamentar su importancia. Pero no es menor la manifestación de sustentabilidad de las PYME.

En todas las provincias más de la mitad de las PYME fueron creadas antes de la crisis del período 1998-2001 y un alto número de ellas han sido testigos –y porque no sobrevivientes – de todos los fallidos ensa­yos de políticas públicas que llevaron a la Nación Argentina a la cesación de pagos, al aislamiento interna­cional en materia financiera y a eclosión económica, productiva y social.

En éste punto vale la pena hacer referencia a un aspecto no abordado por las estadísticas oficiales. La crea­ción de nuevas empresas, su natalidad, mortalidad y las condiciones en las que se promueve o no el “em­prendedorismo”, es decir, el fomento de la actitud y decisión emprendedora de nuevos proyectos em­presarios que garanticen la sustentabilidad general del desarrollo económico.

Estas nuevas Empresas que en general se sitúan en la franja de “micro empresas” resulta una corriente de “aire fresco” y en general son desarrolladas por la franja más joven de la sociedad. Se estima que el 70% de las empresas que “nacen” son desarrolladas por la franja etaria que va entre los 18 y los 35 años. Sin em­bargo, y sólo a modo de ejemplo, el Poder Ejecutivo no reglamenta y pone en ejecución de modo efec­tico la Ley 25.872 “Programa Nacional de Apoyo al Empresariado Joven”.

El diseño, desarrollo e implementación de nuevas empresas –sobre todo aquellas que promueven los jóvenes – forma parte de una estrategia de desarrollo económico que como nunca pone en evidencia la interrelación sistémica de la educación, el empleo, la innovación, el financiamiento y la asistencia técnica con el desarrollo y fortalecimiento de las PYME, entre otras cuestiones.

Un aspecto relevante que pone en evidencia la dinámica de las PYME es su capacidad exportadora. Sin fomento ni promoción alguna, con el tratamiento que se le da a las grandes Empresas las PYME han in­cre­mentado sus exportaciones en los últimos 8 años en un 131% con una característica que las diferencia y dis­tingue: sus exportaciones son todas Manufacturas de Origen Industrial (MOI)

En materia de empleo registrado, las PYME representan el 55% de los trabajadores registrados. Es por eso que surge la pregunta de modo natural: ¿Por qué se las ignora cuándo deben diseñarse instrumentos como la Ley de Riesgos del Trabajo por ejemplo?

Se señala a las PYME como las que mayor número de asalariados no registrados contratan. No está de­mos­trado, pero, si esto fuese así, ¿Por qué no se las consulta acerca de las dificultades que manifiestan como modo de desarrollar un Programa de Regularización del Trabajo que aporte constructivamente a resolver de modo definitivo el problema?.

Los supuestos resultan prejuicios cuyo único objetivo es la discriminación negativa de las PYME.

Así, las “cifras” resultan engañosas y no dan cuenta de la histórica mora en materia de políticas de desa­rrollo y fortalecimiento para las PYME que el Estado –en sus diversas jurisdicciones y expresiones – sos­tiene sin dar muestra alguna de vocación, comprensión y decisión para transformar y consecuentemente reparar éste “olvido”.

Las PYME se constituyen en actores fundamentales más allá de su importancia estratégica en térmi­nos económicos. Son las PYME las que proveen los límites a las pulsiones de centralización y concen­tración que desarrolla el capitalismo con la consiguiente pérdida de calidad institucional.

UNA DEMANDA ESTRATEGICA

En momento en que una crisis de dimensiones aún no mesurables que demanda no sólo creatividad, ima­ginación y capacidad de decisión no puede percibirse –aunque la PYME ya lo visualiza- que el resultado final será una mayor concentración y centralización no sólo económica sino que también política que habrá de contrastar con una altísima dispersión social y que ésta tensión entre lo económico-político y lo social tiene a las PYME como protagonistas en la articulación de la resolución de las tensiones que YA se están manifes­tando.

A lo largo de los 28 años transcurridos desde el inicio de una nueva etapa para la convivencia y el desa­rrollo democrático en la Argentina ninguna política pública estuvo dirigida a consolidar la alianza estraté­gica de los sectores populares mayoritarios con las PYME.

Lo que se diseño y ofreció a las PYME no fue nunca más allá de un subsidio y más aún, cuando las en­cues­tas reflejan la baja utilización o el alto desconocimiento de los instrumentos que se diseñan para ella queda expuesto el divorcio –o mutua indiferencia- entre las PYME y las fuerzas políticas populares.

La mesa de la consulta, del diálogo y del consenso no está preparada para las PYME. Las sillas dispues­tas están asignadas a los sectores más concentrados de la economía y sus representantes. No se pro­mueve su vitalidad y reproducción, sino que la deja librada a su propia suerte.

Prueba de ellos son los frustrados intentos de concertación social a los que las fuerzas políticas convocan. Los actores más concentrados de la economía figuran siempre como primeros y únicos convocados en detrimento de las PYME a las que con diversos argumentos se las excluye de modo manifiesto.

Los fracasos en la concertación social tienen componentes complejos, pero si uno es relevante es, precisamente, la discriminación de las PYME que junto a los trabajadores constituyen el “núcleo estratégico” de los posibles acuerdos exitosos.

Es así que una primera acción en materia política debe ser la inclusión de las PYME en sus propuestas y proyectos no sólo en términos nominativos-decorativos sino activos y que impliquen la presencia activa de éstas en el ámbito de las decisiones. Lo repetiremos una y otra vez: estamos de acuerdo en que sin In­dustria no hay Nación, pero estamos absolutamente convencidos que sin PYMES la sustentabilidad de las políticas no sólo industriales, sino en materia de comercio, producción agropecuaria y servicios que se diseñen en pro de la construcción de la Nación no serán sustentables en tanto serán portadoras de una debilidad de diseño que más pronto que tarde habrá de dejar expuesta una asimetría que finalmente lle­vara a la ruptura.

Una política de Desarrollo Nacional que excluye a las PYME de los ámbitos de decisión y que sólo ofrece “nuevas formas” (denominadas “cadenas de valor”) de participación de las PYME en la producción no es más que la convalidación de “status quo” funcional a las necesidades de las formas más concentradas del capital y que, cuando éste produce las crisis, rupturas o mutaciones, siguiendo su propia dinámica, son las PYME junto a los trabajadores las que quedan marginadas y sin respuesta.

Suponer que “hacer política PYME” es reforzar los lazos de dependencia funcional a la concentración y cen­tralización del capital es desconocer un rasgo fundamental que portan las PYME: su capacidad de innovación, de internalización de nuevos productos, materiales y procesos.

Para ello, esas “nuevas formas” de “asociativismo a la fuerza”, que pretenden el logro de una eficiencia mal entendida en materia de diseño de políticas públicas que se refleja en la pretensión de “englobar” lo que se supone son problemáticas “comunes” resultan sólo funcionales a los intereses de los que sólo pre­tenden utili­zar a las PYME para poder externalizar sus ineficiencias trasladándole a las PYME la absorción de pérdidas y atrasos tecnológicos.

La PYME sí requiere asociatividad, sí demanda participar y aportar a la mejora del sector en que participa, sí puede convertirse en una actor protagónico de la innovación, de la incorporación de diseño y de nuevos mate­riales y procesos, pero DEBE hacerlo simultáneamente con la obtención de un esquema de rentabili­dad que le permita ser también activo protagonista del proceso de acumulación de capital y no parte de la claqué .

Tras 28 años de democracia, las Pequeñas y Medianas Empresas requieren no sólo una política de pro­mo­ción o fortalecimiento, un funcionario más o menos especializado como responsable de la Agencia Gu­berna­mental, o un subsidio más o menos ágil en su gestión. Las PYME demandan de modo urgente:

1.       El espacio imprescindible que deben ocupar como reaseguro para la convivencia democrática junto a decisiones políticas sustantivas que garanticen la inclusión y participación de las Pequeñas y Media­nas Empresas en materia de los debates y decisiones de planificación, diseño e implementación de las políti­cas públicas, fundamentalmente en aquellas que reúnan condiciones de especificidad en materia de de­sarrollo económico y social.

2.       Políticas Activas que permitan el desarrollo y fortalecimiento de las Pequeñas y Medianas Empresas orienta­das a mejorar e incrementar la competitividad dentro del mercado nacional como su mayor in­ser­ción en el comercio internacional.

12 octubre 2011

ALLÁ VAMOS....


ACÍNDAR SE ADELANTA A LA CRISIS CON UN AJUSTE

La acería de Villa Constitución iniciará una reestructuración para reducir costos y elevar la rentabilidad. La empresa, subsidiaria del mayor jugador global en el mercado del acero, prometió no despedir empleados. Estudia suspensiones rotativas y reducir tercerizadas. El 90 % de la producción va al mercado interno.

Germán de los Santos | Diario Cruz del Sur – Rosario (Santa Fe)

Peter Sloterdijk, filósofo alemán, dice que occidente vive una crisis del porvenir porque las nuevas generaciones ya no creen que vivirán mejor que las anteriores. La idea del ex seguidor de la Escuela de Franckfurt no encuadra acá, en Argentina, en la provincia de Santa Fe, en Rosario. Después de la crisis de 2001 y el empujón que logró el país gracias a condiciones propias y ajenas se gestó una estela de porvenir, algo ausente desde la primavera democrática alfonsinista.

Cuando la palabra crisis se recarga como una amenaza provoca cierto pánico porque el pasado está aún fresco en la memoria. Y sólo el titilar de las imágenes viejas renderiza un futuro en el que la calle vuelve a transformarse en un territorio de disputa y pelea.

Es probable que Jefferson de Paula no haya pensado en esto cuando llegó a la Argentina hace un par de semanas. Este ingeniero brasileño no es muy conocido fuera de Arcelor Mittal, el grupo empresario más grande del mundo de la siderurgia que también controla a la pequeña Acindar, fundada por la familia Acevedo en plena Segunda Guerra Mundial.

Desde 2002 Acindar pasó a estar controlada por la gigante brasileña Belgo Mineira (controlada por la belga Arbet). En esas manos pasó a ser parte de un juego global donde acerías de todas las escalas quedaron concentradas en unos muy pocos grupos. Arbet, la francesa Usinor y la española Aceralia conformaron Arcelor en 2008, que poco después fue absorbida por la india Mittal y de esa manera se constituyó en el mayor jugador global del mundo del acero, con 30 plantas sólo en América, acerías en 66 países y una producción a nivel global de 144 millones de toneladas de acero, de las cuales Acindar aporta 1,4 millón, es decir el 1 por ciento.

De Paula, que en Villa Constitución ya es conocido, desembarcó ahora con una orden simple y estricta: la ex Acindar debe pasar de una rentabilidad del 12 al 20 por ciento. Y para alcanzar esta meta es necesario según la visión de la compañía hacer una reestructuración, que en criollo rasante no significa otra cosa que un ajuste.

Las directivas que bajó el brasileño tuvieron un efecto inmediato. La empresa anunció un plan de suspensiones rotativas en la planta de Villa Constitución. Al gremio le informaron que los trabajadores que se vayan a su casa a descansar cobrarán el 75 por ciento del sueldo en bruto. En esta primera etapa esta medida afectará a los contratados, que pertenecen a empresas tercerizadas y suman unos 1.300 empleados.

Juan Carlos Vaccaro, gerente de Asuntos Externos de la compañía, señaló a este medio que la empresa decidió, como lo hizo en 2008 en un momento previo a la crisis internacional, emprender una serie de reestructuraciones para ajustar la competitividad de la siderúrgica, que se vio afectada por una baja en el precio mundial del acero y un incremento en los costos laborales.

Acindar emprendió también según relataron a este diario fuentes de la comisión interna de la UOM un achique con las empresas tercerizadas. El objetivo de los directivos de la planta ubicada en Villa Constitución es que de 40 firmas queden 10. Estas empresas cuya gran mayoría realiza tareas de lo que se podría englobar como mantenimiento”– emplean a unos 1.200 trabajadores, casi la misma cantidad de los operarios del plantel permanente que tiene la siderúrgica.  Lo que advierten los delegados gremiales es que un achique de las tercerizadas acarreará una reducción de personal. Por eso, el gremio de la Unión Obrera Metalúrgica le propuso a la empresa que la promesa de que no va a haber despidos quede estampada con una firma en un papel. Con la mediación del Ministerio de Trabajo, las partes firmaron lo que denominan un acuerdo de paz, por el cual la siderúrgica se compromete a no tocar a un solo trabajador en su plan de ajuste. La cartera que dirige Carlos Rodríguez impulsó un acuerdo parecido entre las partes en diciembre de 2008.

Desde un sector del sindicato plantean que los empleados tercerizados puedan jubilarse con los beneficios que posee un trabajador de planta, que lo puede hacer a los 50 años con 25 años de aporte, amparado en lo que son las funciones penosas turnos rotativos, jornadas nocturas, y trabajo a la intemperie, entre otras cosas.

Por fuera de los empleados que están bajo convenio, en la ex Acindar cortaron varias cabezas y pesadas. Unos 100 gerentes y empleados jerárquicos fueron despedidos en agosto pasado. Desde la firma plantearon que se trató de acuerdos de desvinculación que incluyeron beneficios adicionales a una indemnización.

A la vanguardia en ajustes

Acindar que factura 4.234 millones de pesos y el 90% de su producción es para el mercado interno tiene el extraño privilegio de adelantarse a los ajustes que luego se generalizan en otras grandes empresas. En 2001, fue de las primeras en bajar sueldos y, en 2008, adelantó vacaciones por la crisis mundial y cerró la planta durante el verano, medidas que acompañó con la liquidación del stock que poseía, que equivalía a casi un mes de producción.

En 2008 Acindar fue una precursora en planes de ajustes previos a la crisis internacional, que en Santa Fe golpeó muy duro a los sectores industriales, con mayor intensidad al metalmecánico. Ahora volvió a hacer lo mismo. Sin embargo, aún no hay pronósticos definitivos de cómo impactará la crisis internacional en la región.

En Trabajo de la provincia señalan que desde el punto de vista de los datos objetivos que el Estado posee percibe la película con unos seis meses de retraso. La destrucción de empleos en la crisis anterior recién se vio reflejada en las estadísticas del primer trimestre de 2009. Ese año se hicieron añicos en la provincia 20.471 puestos de trabajo. Pero en ese momento había otro detonante que no está presente, como son los conflictos gremiales y los pedidos de subsidios Repro, una herramienta que se usó desde el Estado para paliar la crisis y evitar que se multiplicaran los despidos.

22 septiembre 2011

PRONOSTICO DE TORMENTA…


(Publicado en Agosto de 2008)
Tras 8 años de crecimiento continuo, todo parecía indicar que se estaba frente a un nuevo ciclo y, obviamente, ante un nuevo y mejor desafío.

 

No abundaremos en la descripción macroeconómica, pero ciertamente algo ha cambiado.

 

Nuevamente la sustentabilidad de las Empresas y en particular, la de las PYME puesta a prueba..

 

Pero esta vez, a diferencia de los acontecimientos de 1998-2003, en que todas las Empresas, sin diferenciación, fueron afectadas, en ésta oportunidad, el modo de expresión de la crisis tendrá alto grado de selectividad, es decir, no será a todas, sino a algunas y lejos de encontrar solidaridades o promover consensos, en ésta instancia, se habrá de exacerbar la competencia de un modo radical. Las soluciones no serán genéricas, sino para algunos y algunos otros, desaparecerán de la escena empresaria.

 

El rasgo de "montaña rusa" que refleja la economía nacional, induce a desarrollar una exacerbada inclinación al corto plazo, y relega la importancia de desarrollar estrategias de mediano y largo plazo, planes de contingencia y a no ver que los cambios en la estrategia económica son de tal magnitud que la capacidad de adaptación a veces no es tan elástica y rápida como debería ser.

 

¿Cuáles son los errores que pueden jugarnos una mala pasada?

 

Un primer error es el exceso de confianza. En un determinado momento tomamos conciencia, nos damos cuenta que los métodos con los que avanzamos exitosamente hasta muy poco tiempo antes, no dan la misma respuesta, perdieron efectividad, carecen de la misma potencia y no alcanzamos a comprender muy bien los problemas que comienzan a aparecer; "sentimos" que esos problemas reclaman habilidades y conocimientos que percibimos no disponemos.

 

"Empiezan a pasar cosas" que eran "impensables" en las actividades cotidianas, como por ejemplo, errores y retraso en la entrega de productos o fallas en la delegación de funciones y asignación de responsabilidades. Decimos, la organización "pierde tensión", "se hace más fofa", parece no tener reflejos.

 

Cuando aparecen estos síntomas, lo peor que puede sucedernos es ensimismarnos, encerrarnos, perder visión. Por ese camino, se exacerba "el hoy" y se le resta importancia "al mañana" al que se lo ve cargado de incertidumbre. La Empresa se "cierra" sobre sí misma para protegerse (efecto bicho bolita) y los mensajes de alerta, propuestas de ayuda "desde afuera" se perciben como hostiles.

 

En muchos casos el Empresario, refuerza su omnipotencia y refuerza su esquema de poder ante la posibilidad de que los acontecimientos pongan en duda su poder y su capacidad de resolver. Se refuerza el auto empoderamiento y como consecuencia, se aceleran los conflictos, se delega menos, se profundiza el "pensamiento único" y la pérdida de visión es casi completa..

 

Un rasgo importante de ésta expresión de la crisis es el reconocimiento de las limitaciones para gestionar riesgos. Acostumbrados a disponer de cierto nivel de liquidez, la cadena de "cobros-pagos" funcionaba con cierta rutina y el crédito comercial del que disponíamos era suficiente para nuestra operación y en un momento, de golpe, sin esperarlo, un pago importante no llegó, un proveedor resolvió unilateralmente ajustar los plazos de pago y condiciones de entrega, un cliente no nos envió su habitual pedido de reposición, etc., etc.

 

Nos dicen; " si estamos en un momento de auge y los resultados parecen avalarnos, ¿porqué desarrollar previsiones de crisis y planes de contingencia? ¿Para qué –nos preguntaban- generar indicadores de alerta?, ¿sobre qué bases? ¿Para qué distraer recursos y destinarlos a mantener un plan de contingencia?"

 

El Empresario pierde visión. Decimos, "se compró unas elegantes anteojeras", le pone "proa" a lo que ve y se pone resistente a atender las alertas.

 

Su éxito es el resultado de lo que, se auto convence, es un acabado y completo conocimiento y control de la situación que él posee. No necesita asesoramiento externo ni tampoco está dispuesto a escuchar alertas. "Si llegue hasta acá, ¿cuál es la razón o causa que puede detenerme e impedirme continuar?, se pregunta.

 

En éste punto, la Empresa ha entrado en zona de riesgo y el no reconocimiento del origen y tenor de las amenazas es tan sólo una parte del peligro que lo acechan. La parte más difícil de la cuestión es el reconocimiento de las debilidades que se fueron acumulando en la etapa de auge, y a las que, involuntaria pero sistemáticamente, les fue haciendo lugar.

 

¿Es posible que se acepten limitaciones y se reconozcan, incluso algunos fracasos, en materia de gestión? ¿Se tuvo capacidad de escuchar a los que referían alertas o se los soslayo por pesimistas?

 

Una pregunta que recomendamos hacerse periódicamente es: ¿mi cliente; continúa siendo el mismo? ¿Mi estrategia comercial es válida? ¿Cuál es la vida útil de mi producto? ¿Qué está pasando con los productos sustitutos o complementarios? ¿Qué innovaciones se están introduciendo en el sector? ¿Qué acceso tengo a ellas? ¿Qué pasa en materia de diseño en mi sector? ¿Hacia dónde va?

 

Preguntas que deben encontrar una respuesta activa, ya sea porque la estrategia que se esta desarrollando atiende las debilidades y facilita las oportunidades o porque son disparadoras de una estrategia de contingencia, cambio o fortalecimiento.

 

Una Empresa es algo más que un producto estrella en una coyuntura favorable. Cuando confluyen tenemos un verdadero éxito pero, éste, por más que lo queramos, no es eterno.

 

Nos dicen "Entendí y actué de modo exitoso aprovechando la oportunidad, desarrollo, hoy por hoy, cierto liderazgo en el mercado y más aún, soy el referente obligado." ¿Por cuánto tiempo?. "Mis costos, mi tecnología, mi organización, respaldan hoy mi lugar y mi prestigio en el mercado", ¿es sustentable?

 

"Nuestros competidores y otros empresarios intentaron replicarlo y no pudieron". ¿Cómo se habrá de responder cuando –ante una debilidad de la Empresa, puedan? ¿Que tenemos o qué hemos hecho para diferenciarnos, para disuadir a quienes pretendan amenazarnos el mercado?

 

¿Nos hemos hecho estas preguntas en alguna oportunidad? ¿Con que resultados? ¿Hemos promovido, planificado o previsto algún cambio en función de éstas posibilidades?

 

En pasadas oportunidades mencionamos la necesidad de diseñar una estrategia de recursos humanos. En un contexto donde los talentos comienzan a escasear y en una Argentina que no es ajena a este problema, la capacidad de gestión empieza a verse erosionada. Hoy el concepto "nadie es imprescindible" ha perdido su carácter genérico. Ahora, algunos recursos humanos nos son claves y en estos tiempos la pérdida de recursos es moneda corriente. Los aumentos salariales, que a veces son de difícil asignación para no producir traslado de incrementos en los costos, no alcanzan, a veces, para conservar al personal clave.

 

¿Cómo los retenemos? ¿Cómo habrá de repercutir en ellos los cambios que se están desarrollando? ¿Cómo gestionar esos cambios administrando los potenciales conflictos? ¿Cuál es la razón que debo esgrimir para que no migren?

 

Por otra parte, el proceso de cambio en curso puede llevarme a la necesidad de incorporar nuevos colaboradores. ¿He analizado que ciertamente los perfiles y las competencias no están ya disponibles en la organización? Y si lo están, ¿debo o puedo recurrir a ellos?

 

Es por eso que hay que preguntarse qué recursos son adecuados, cómo sobrellevar la curva de aprendizaje teniendo en cuenta la falta de tiempos y recursos, si las nuevas incorporaciones exigirán cambios transitorios o permanentes en la estructura , qué recaudos tomar y si existen nuevos riesgos de insatisfacción por parte de los clientes mediante las nuevas incorporaciones. El desafío: recrear sólidos equipos de trabajo y arbitrar los medios para organizar entrenamientos y capacitación adecuada.

 

Los cambios en curso en la política económica tienen un particular impacto en los costos financieros.

 

Con el aumento de la tasa de interés, - a lo que deben sumarse los incrementos de costos de materias primas, insumos, salarios y gastos operativos, la pérdida de rentabilidad es moneda corriente en estos últimos meses y los errores y omisiones en la gestión financiera producen consecuencias a veces difíciles de revertir.

 

Simultáneamente, con mayor o menor facilidad, vamos adecuando los precios de venta y esto da lugar a la "falsa imagen" de un incremento de ingresos que no son reales y pueden confundir. El efecto inflacionario sobre el flujo de caja debe ser motivo de un cuidado especial. En los hechos es posible que esos mayores ingresos sean realmente menores por su pérdida de poder adquisitivo o porque los plazos en que ingresan no son funcionales a las necesidades.

 

Un rasgo que denota como los problemas se van internalizando en la Empresa surge de la percepción de límites al autofinanciamiento. Comenzamos a percibir la necesidad de buscar financiación y la lógica bancaria no parece dar buenas respuestas en plazos y costos. ¿hemos explorado alternativas?

 

En éste punto aparece una debilidad estructural: nuestros estados patrimoniales formales (balances, estructuras societarias) no responden a la verdad, están "ajustados" a minimizar el pago de impuestos y en consecuencia, para obtener recursos debemos poner en juego los patrimonios personales.

 

¿Valió la pena? ¿Cuál es el costo o el riesgo de normalizar la situación, de "blanquearla"? ¿Podemos?

 

Como ya hemos señalado, los controles en materia tributaria avanzan, ¿Qué riesgos estamos afrontando? ¿Realmente lo conocemos?

 

Finalmente, ¿cuál es la mejor metodología para evitar o minimizar el impacto de los cambios en curso?

 

Hay que interactuar en el sector, monitorear la dinámica y por eso es fundamental, desarrollar buenos canales de comunicación y consulta. Participar en las Cámaras Empresarias regionales y sectoriales, intensificar el uso de las tecnologías de la información y la comunicación. Visitar exposiciones, escuchar voces diversas, preguntar y preguntar.

 

Desarrollar un equipo de crisis con los socios y colaboradores para analizar y evaluar estrategias y alternativas. Facilitar el diálogo interno en la Empresa, escuchar, darle valor a las voces de los colaboradores es de singular importancia y trascendencia. Incluir, mediante el diálogo, mejora la eficiencia y el compromiso del "capital intelectual" que dispone.

 

Finalmente, no se asuste, sólo se trata de una crisis. Vendrán otras, con éstas u otras características y desafíos. Prepararse para superarlas es parte de la tarea que exige ser Empresario.

12 septiembre 2011

LA HEZ DE LA HUMANIDAD (PAUL MATTICK - 1935)


LA HEZ DE LA HUMANIDAD (PAUL MATTICK - 1935)

Una persona poco familiarizada con cuestiones políticas que asista a reuniones de trabajadores, exceptuando las de desempleados, probablemente se verá sorprendida por el hecho de que la mayor parte de los presentes no forma parte de los estratos más pobres del proletariado.

Los trabajadores mejor organizados son, por supuesto, los pertenecientes a la llamada aristocracia obrera, que asume una posición social entre la clase media y el proletariado genuino. Las organizaciones sindicales de estos estratos defienden los intereses vitales directos de sus miembros, proporcionándoles ventajas inmediatas, y ni son capaces de politizar a sus adherentes en un sentido socialista ni tampoco lo intentan.

Por otra parte, el movimiento obrero radical solo puede proporcionar a sus adherentes satisfacción ideológica, no ventajas materiales. Y es precisamente por esta razón por lo que es incapaz de alcanzar a las capas realmente empobrecidas del proletariado.

Esta parte, por su misma miseria, se ve obligada a preocuparse solamente de sus intereses más perentorios y directos si es que no quiere dejar la vida misma. Por esa razón los movimientos políticos radicales de la clase obrera oscilan entre dos polos de la población trabajadora, la aristocracia obrera y el lumpenproletariado.

El peso de la organización lo llevan elementos que, aunque no se hacen ilusiones sobre las nulas posibilidades genuinas de avance personal en la sociedad actual, mantienen un nivel de vida que les permite dedicar dinero, tiempo y energías a esfuerzos cuyos frutos, en forma de mejoras reales materiales para ellos mismos, quedan diferidos a un incierto futuro.

Estos militantes se enfrentan a la sociedad actual desde el reconocimiento de que hay que cambiarla, a pesar de lo cual a ellos les resulta posible vivir en ella. La actividad del movimiento obrero radical en tiempos no revolucionarios se dirige fundamentalmente a transformar la ideología predominante. La agitación y la propaganda exigen sacrificios materiales y no proporcionan ventajas materiales. Los miembros activos de las organizaciones obreras deben tener tiempo disponible. Son militantes que confían en que las masas se transformarán en un sentido revolucionario, pero mientras tanto hacen lo posible por acercar el día del cambio y se dedican a educar, discutir y filosofar. Los elementos de la clase obrera que simpatizan con esas ideas pero que por sus circunstancias vitales no están en posición de esperar, se ven continuamente rechazados por estas organizaciones.

Las fluctuaciones de militancia en el movimiento radical no son solo resultado de falsas políticas o de falta de tacto de la burocracia en su trato con los miembros todavía ideológicamente inestables. Son también resultado de la compulsión crecientemente imperiosa de un estrato cada vez mayor de trabajadores empobrecidos a "limitar sus miras". La actividad del movimiento del que esperan ayuda solo les proporciona palabras y un algo en que perder el tiempo.

No solo no les ayuda, sino que les dificulta su lucha individual por la existencia, una lucha que se hace cada vez más difícil, que cada vez consume más horas y más esfuerzo psicológico cuanto más se extiende la penuria en la sociedad y cuanto más se hunde el individuo. Independientemente de la propaganda socialista que hayan absorbido, sus condiciones de existencia les empujan a acciones que son opuestas a sus convicciones y como resultado esas mismas convicciones antes o después se desvanecen, ya que son "inútiles en la práctica". Esa es también una de las razones por las que el movimiento político de la clase obrera se quiebra en los periodos de recesión y funciona mejor en tiempos de reactivación económica. Y por ello, a partir de su "experiencia" una gran parte del movimiento obrero ha tomado una posición abiertamente hostil contra la idea de que el empobrecimiento de las masas es sinónimo de crecimiento de las ideas revolucionarias.

A quienes mantienen esta teoría del empobrecimiento se les señala repetida y apasionadamente la existencia del lumpenproletariado, como prueba de que el empobrecimiento hace a las masas apáticas en vez de revolucionarias y las pone en oposición al proletariado más que en disposición de servirlo, ya que la clase dominante a menudo aprovecha al lumpen para sus propias necesidades. Y de esta forma el movimiento obrero se esfuerza con gran celo en mejorar la posición económica de los trabajadores, considerando que precisamente de esa manera se elaborará la conciencia de clase del proletariado.

De hecho, en el periodo de avance de la sociedad capitalista la mejora del nivel de vida del proletariado fue paralela al crecimiento de los sindicatos y organizaciones políticas obreras y al fortalecimiento de la conciencia política de los trabajadores. Pero esta conciencia, como las organizaciones mismas, no era revolucionaria. Por lo tanto, la teoría de la elevación del nivel de vida del proletariado como medio de avance revolucionario resultó tan desmentida como la teoría de la pauperización. La dificultad fue resuelta mediante la explicación desgraciada y absurda de que la actitud reaccionaria de los trabajadores organizados era resultado de sus direcciones reaccionarias.

La contradicción que implica el combatir el empobrecimiento y al mismo tiempo mantener que es necesario se consideraba lesiva para la existencia de la organización. Las masas no pueden ser atraídas hacia la organización sin recibir al mismo tiempo algunas promesas. La convicción, basada en una visión superficial de los fenómenos, de que el empobrecimiento hace a las masas reaccionarias en vez de revolucionarias, y la repugnancia hacia el lumpenproletariado como manifestación viviente de esta "verdad" fue durante mucho tiempo una característica común del movimiento político de la clase obrera y todavía surge en el debate político cuando se trata de explicar la ayuda reclutada por la clase dominante en el campo del proletariado. El escaso grado de organización y la conciencia de clase relativamente subdesarrollada de los desempleados tiende aparentemente a refutar la teoría del empobrecimiento. Lo mismo ocurre con la función que cumple el lumpen en la sociedad.

Por supuesto es esta "hez de la humanidad" la que, en alianza con la pequeña burguesía y a las órdenes del capital monopolista llena las filas del fascismo. Los elementos que el movimiento fascista atrae desde los círculos de la clase obrera esperan y obtienen ventajas que en cualquier caso son inmediatas, aunque puedan ser pequeñas.

Esos elementos no se vinculan a ningún movimiento por motivos ideológicos, que sobrepasan en mucho sus posibilidades. Que las ventajas sean de carácter meramente temporal no preocupa a esos elementos que, por supuesto, viven permanentemente "al día".

Reprocharles con la acusación de traición a su clase es simplemente atribuirles la posibilidad de una conciencia y un conjunto de convicciones, lo cual es un lujo que su propia forma de vida excluye. Ellos actúan por sus intereses más próximos y, a ese respecto, incluso la gran mayoría de los trabajadores acepta a la larga el movimiento fascista, pasiva o activamente, para no perjudicarse a sí mismos.

Quién pasa primero y quién después al campo del enemigo de clase depende del grado de empobrecimiento de cada uno. Aparte de todo esto, la investigación de las ciencias sociales en casi todos los países muestra que la declinación de las tendencias revolucionarias se asocia con el empobrecimiento de las masas. Esas conclusiones se basan exclusivamente en los últimos pocos años y por ello lo único que indican es que inicialmente el empobrecimiento se asocia con la regresión de las tendencias revolucionarias.

Lumpenproletariado y organizaciones obreras

El concepto de lumpenproletariado no es de ninguna forma un concepto claramente delimitado. Los grupos comunistas a la izquierda del movimiento obrero oficial parlamentario y sindicalista le han dado tal amplitud al concepto que este se ha convertido prácticamente en un insulto para calificar a todos los elementos que en virtud de su situación de clase deberían naturalmente incluirse en el proletariado, pero que realizan algún tipo de servicio para la clase dominante. En esta concepción, el elemento lumpen no está integrado tanto por "la hez de la humanidad" como por "la flor y nata", es decir, por la burocracia del movimiento obrero.

En esta extensión del concepto se refleja el odio dirigido contra los vendidos y conscientemente queda fuera de consideración el que la traición es más el producto de todo el desarrollo histórico que del interés propio personal de los líderes corruptos. Pero según la idea más extendida en el movimiento obrero, el término lumpenproletariado incluye los muchos elementos básicos de la sociedad actual que son arrojados a la lucha directamente en oposición a los trabajadores; por ejemplo, guardias y vigilantes, provocadores, soplones, esquiroles, etc.

Sin embargo, para el movimiento obrero reformista que lucha por alcanzar el poder en la sociedad actual estos elementos pierden su carácter de lumpenproletariado tan pronto como la burocracia reformista consigue una participación en el gobierno. Los guardias se convierten entonces en "compañeros de uniforme"; los agentes de la policía secreta, en dignos ciudadanos que protegen al país de la amenazante anarquía; y los esquiroles, en "trabajadores técnicos de emergencia".

Un cambio de gobierno es suficiente para borrar de estos elementos el estigma de lumpen. Los matones y represores de la sociedad existente o de cualquier otra sociedad de clases antagónicas no pueden ser incluidos propiamente en el concepto de lumpenproletariado, ya que resultan completamente necesarios en la práctica social. Esto no es aplicable a los esquiroles, pero incluso a estos habría que excluirlos del lumpen ya que, como decía Jack London, "con raras excepciones, todo el mundo es un esquirol".

De hecho, al esquirol solo se le puede reprochar desde el punto de vista de un orden social que aún no existe. De momento actúa en completo acuerdo con la práctica social, que, a pesar de haber convertido la producción en un proceso intensamente social, no permite otra regla de conducta que la búsqueda del interés privado.

El esquirol todavía no ha comprendido ni experimentado suficientemente en la práctica que son precisamente sus necesidades individuales las que habrían de moverle a la acción colectiva.

Todavía no está suficientemente desilusionado por la improductividad de los esfuerzos destinados a hacerse un lugar partiendo de los fundamentos de la presente sociedad.

Espera asegurarse prebendas a partir de su mejor adaptación a la práctica social y solamente a partir de la inutilidad de sus esfuerzos podrá convencerse de que en realidad permanece al margen de tal sociedad, por mucho que se esfuerce en hacerle justicia.

Por más que los trabajadores se vean forzados a luchar contra los esquiroles, estos no pueden ser considerados lumpenproletariado. Como las relaciones de producción capitalistas sirven para hacer avanzar el desarrollo general humano durante un cierto periodo histórico, estos "elementos básicos de la sociedad" pertenecientes a la clase obrera deben ser considerados elementos productivos, aún a pesar de su parasitismo y su hostilidad a los trabajadores.

Si la capacidad productiva de la sociedad se multiplica a ritmo vertiginoso por las relaciones de mercado y competencia, los medios para salvaguardar y promover esas relaciones deben entenderse como instrumentos productivos. Y solo puede oponerse propiamente a esos medios quien se opone a la sociedad misma.

La función de ambos grupos del proletariado, el directamente productivo y el indirectamente productivo, que garantiza la seguridad de la sociedad, difieren en la forma, pero en principio, sirven a los mismos propósitos.

El derrocamiento de la sociedad existente mostraría de una vez que el concepto de lumpenproletariado es aplicable solamente a los marginados de la sociedad que son aceptados por la nueva sociedad como sucesores de la vieja: los vagos y los delincuentes que aun siendo un producto de la actual sociedad que constantemente los niega y los usa, han se der también combatidos en la nueva sociedad. Estos elementos no son otros que los habitualmente considerados como "hez de la humanidad": vagabundos, "camellos", prostitutas, chulos, delatores, ladrones, estafadores, etc.

Lumpenproletariado y capitalismo

Cuando todavía podía negarse que el desempleo es un fenómeno social normal porque las reactivaciones temporales ocultaban el hecho de que es inseparable del actual sistema, una gran parte de la criminología burguesa consideraba todas las actividades y tendencias delictivas en los estratos inferiores de la población como originadas primariamente en la vagancia. Esta actitud se veía reforzada incluso en círculos obreros y los trabajadores organizados con unos ingresos relativamente regulares miraban con no poco desprecio a los pordioseros que vagaban por ciudades y carreteras. El origen de esa "vagancia", si es que este término puede servir realmente para explicar algo, no era motivo de preocupación para quienes juzgaban.

El movimiento socialista, por supuesto, hacía responsable a la sociedad actual. Y sin embargo, cuando los propios socialistas tenían ocasión práctica de combatir estas tendencias, de lo único que sabían hacer uso era del código penal del derecho burgués. La miseria, el lumprenproletariado y la delincuencia no son resultado de las crisis capitalistas. Esas crisis solo pueden explicar el gran aumento de estos fenómenos.

El desempleo acompaña todo el desarrollo del capitalismo y es necesario en el actual sistema productivo para mantener los salarios y las condiciones de trabajo a niveles bajos correspondientes a lo que exige una economía generadora de ganancias.

A pesar de que el desempleo por sí solo no explica la hegemonía del capital sobre los trabajadores, sí explica el reforzamiento de esa hegemonía. Independientemente del efecto providencial que tiene el ejército industrial de reserva sobre la tasa de ganancia obtenida por las diversas empresas, la misma existencia de ese ejército tiene su base en las leyes económicas que determinan el funcionamiento de la sociedad capitalista. La tendencia de la acumulación del capital a producir capital superfluo por una parte y exceso de población por otra se ha convertido en una dolorosa e innegable realidad. De esta manera hay que admitir, aunque sea a regañadientes, que el desempleo nunca podrá ser eliminado del todo.

Así los esfuerzos se dirigen menos a combatirlo que a disminuir los peligros que implica para la sociedad. De ahí también las vigorosas discusiones sobre la reforma del sistema penal, que son un reflejo de los cambios habidos en el mercado laboral. Incluso H. L. Menken, en un número reciente de Liberty ha propuesto introducir en el sistema penal estadounidense prácticas como las de China, a saber, la eliminación física ilimitada de los delincuentes con o sin prueba de culpabilidad, una forma de justicia habitual en los países en los que existe sobrepoblación crónica.

En Alemania se habla de introducir el castigo corporal que estuvo en boga durante la Edad media, ya que las prisiones han dejado de ser instrumentos disuasivos y la fuerza de trabajo gratuita de los presos ya no puede utilizarse. La mayor miseria que resulta de las crisis permanentes y el desempleo a gran escala disminuye el miedo al castigo, ya que la vida en la cárcel no es mucho peor que la existencia fuera de ella. Los delincuentes cada vez son más, lo que empuja a una ulterior brutalización de los castigos y de ahí a la imposibilidad de reformar a los internos de las prisiones.

Como ha dicho [George] Bernard Shaw, "cuando se llega a los estratos más pobres y más oprimidos de nuestra población se encuentran condiciones de vida tan miserables que resulta imposible administrar una prisión humanamente sin hacer la vida del delincuente menos malo que la de muchos ciudadanos libres.

Si la prisión no es peor que los barrios bajos en cuanto a miseria humana, los barrios bajos se vaciarán y las prisiones se llenarán". De forma que el castigo legal no solo es bárbaro y se ve empujado a mayor barbaridad, sino que sus instituciones se convierten en semilleros de delincuencia, como prueban las estadísticas que muestran que la mayoría de quienes estuvieron en prisión vuelven otra vez a ser encarcelados. De todas formas, la animalizacion de los seres humanos, un fenómeno ligado con el desarrollo de la sociedad capitalista y que tiene su expresión más acabada en el crecimiento del lumpenproletariado, no solo se origina en el desempleo y en el empobrecimiento masivo que acompaña a aquel.

Como decía Marx, la acumulación de riqueza en un polo no solo implica en el otro polo la miseria, sino también la acumulación de tedio, esclavitud, ignorancia, brutalización y degradación moral. Bajo las condiciones laborales del capitalismo, el trabajo se convierte en puro y simple trabajo forzado, independientemente de lo "libres" que puedan ser los trabajadores en otros aspectos. Incluso fuera del ámbito laboral, el trabajador no se pertenece a sí mismo, simplemente recupera su capacidad de trabajo para el día siguiente.

Vive en libertad meramente para permanecer en condiciones de realizar sus trabajos forzados y así llega a deshumanizarse por completo, no tiene relación voluntaria alguna de ninguna clase con su trabajo y se cosifica convirtíéndose en mero apéndice del mecanismo productivo. Esperar que estos trabajadores, bajo tales condiciones, obtengan algún placer de su trabajo es completamente ilusorio.

Lo que han de hacer es todo lo posible por salir de esas circunstancias para afirmarse como seres humanos. A largo plazo, esas circunstancias tienen que animalizarlos. Con poder externo, medios coercitivos y simple compulsión es imposible librarse del lumpenproletariado o inducir una disminución de la criminalidad. La cuestión es mantener o crear en los seres humanos la disposición psíquica para ocupar el puesto que les corresponde en la sociedad y su modo definitivo de vida y esto se hace cada vez más imposible. La falta de conciencia social y de adaptabilidad social por parte de los delincuentes es susceptible de otras explicaciones, además de la de la "vagancia". Por supuesto, hay multitud de teorías según las cuales los defectos físicos y mentales son las razones fundamentales para las acciones criminales de los seres humanos. Es innegable que los factores psicobiológicos deben tenerse en cuenta para comprender las inclinaciones criminales.

Sin embargo, resulta obvio que la teoría que tiene más que ofrecer para la comprensión de este tema es la teoría política y socioeconómica. Los factores biológicos y psicológicos contribuyen a determinar las acciones conscientes e inconscientes de los seres humanos pero los efectos de esos factores resultan por completo modificados cuantitativa y cualitativamente por los procesos sociales. Los impulsos de los individuos están sujetos tanto a la situación socioeconómica como a la situación de la clase a la que pertenecen. En una sociedad que garantiza el mayor reconocimiento a los ricos y a los propietarios, los impulsos narcisistas, por ejemplo (como ha mostrado el psicólogo Erich Fromm) deben llevar a una enorme intensificación del deseo de posesión. Y si en el contexto de la actual sociedad esas tendencias no pueden satisfacerse por vías "normales", buscarán su satisfacción en la delincuencia. Incluso si esta aparece asociada con defectos físicos o psíquicos, estos mismos solo pueden entenderse en conexión con la sociedad y con la situación de clases existente.

La delincuencia, en su mayor parte dirigida contra las leyes de la propiedad, solo es inteligible en el contexto de la totalidad del proceso social. Incluso los demás delitos están determinados si no directa sí indirectamente por la situación social y política. De ahí que solo puedan modificarse sustancialmente o ser totalmente eliminados mediante el cambio de la sociedad en la que ocurren. No hay mejor prueba concreta de la importancia del factor económico para explicar la delincuencia que su enorme incremento en épocas de crisis económica.

Como consecuencia de las depresiones, los más débiles mental y corporalmente de los pobres se ven arrojados al camino de la delincuencia. De hecho, muchas veces no les queda otra posibilidad. Que el factor socioeconómico resulta aquí el esencial resulta bien claro por ejemplo al observar que los abusos sexuales infantiles en las familias de desempleados son mucho más frecuentes que en las familias con una vida económica estable. ¿Cómo intentar explicar la decadencia de la familia otro de los factores de incremento de la delincuencia en la sociedad actual a partir de factores biológicos y psicológicos? ¿Y el aumento rápido de la prostitución durante las crisis?

En EEUU, en investigaciones sobre la influencia del medio en la delincuencia, se ha visto que la mayor parte de los convictos procede de los barrios marginales de las ciudades y de familias que viven "al día". La investigación ha revelado también que la mayor parte de los delitos que se cometen son delitos contra la propìedad y que la mayoría de los delincuentes son "de inteligencia normal".

Los jóvenes que hoy vagabundean sin rumbo y sin objetivo por los distintos estados del país y por las carreteras están en condiciones ideales para deslizarse hacia el lumpenproletariado y convertirse permanentemente en parte del mismo. No tienen oportunidades y en su amargura están resueltos a proporcionarse satisfacciones vitales por los medios que sea, es decir, por los medios delictivos que todavía constituyen una posibilidad abierta.

"Ya nos cogeremos lo nuestro", se aseguran así mismos. Y sus héroes no son los héroes respetables de la sociedad actual, sino los Dillinger. Jack London caracterizó una vez a los vagabundos como trabajadores desmoralizados, pero la mayor parte de estos jóvenes nunca han trabajado. Su desmoralización es previa a su entrada al mundo laboral y cuanto más permanecen sin empleo más pierden la capacidad de adaptarse al ritmo de la vida social.

Como ya comprendió William Petty hace mucho tiempo, "es mejor para la sociedad quemar el trabajo de mil personas que permitir que esas mil personas pierdan su capacidad de trabajo por mera inactividad".

Pero no solo desde el punto de vista de las ganancias sino también desde el punto de vista de la seguridad de la sociedad, el sistema actual se devora a sí mismo cuando, incluso contra su voluntad, niega a los trabajadores la posibilidad de mantenerse ocupados. Solo a través de la venta de su fuerza de trabajo pueden los trabajadores permanecer vivos como tales. Toda su vida depende de las volubles oscilaciones del mercado de trabajo. Librarse de la compulsión y de las posibilidades del mercado solo es posible en caso de que salgan de las mismas filas de la clase trabajadora.

A quien falla en el salto a la clase media una posibilidad que fue siempre excepcional y que hoy es prácticamente inexistente no le queda otra que la integración en el lumpenproletariado, opción que solo en casos contados se elige voluntariamente pero que resulta inevitable para segmentos cada vez mayores de la clase obrera.

Como, aunque hubiera voluntad de hacerlo, no es factible dar a los desempleados condiciones de vida convenientes para seres humanos, como tampoco lo es darlas a los delincuentes ùya que entonces la presión para trabajar perdería gran parte de su fuerza y aumentaría el poder de los trabajadores para resistir en la lucha salarial, incluso los trabajadores que reciben asistencia social se ven a menudo empujados a mejorar sus limitados medios de subsistencia mediante la delincuencia. De todas formas, incluso en países con seguro de desempleo una proporción mayor o menor de los trabajadores permanece excluida de esa compensación y esta parte no puede librarse, incluso con la mayor moderación, de caer en el lumpenproletariado.

Cualquiera que resulta marginado del proceso de trabajo pierde también la capacidad y la posibilidad de trabajar de nuevo. Considérese por ejemplo el caso de alguien que haya estado desempleado tres o cuatro años. Para esa persona resulta indeciblemente difícil ocupar de nuevo su puesto en la vida económica. Dada la creciente racionalización del proceso productivo, no solo psicológica sino físicamente será difícil que pueda resistir las mayores demandas de rendimiento. Por esa razón los empresarios casi siempre rechazan contratar a trabajadores que han estado desempleados varios años, hacia los cuales tienen una actitud muy escéptica, a la que también contribuye el aspecto miserable y desaliñado del solicitante. Una vez alcanzado cierto nivel de míseria, no hay posible vuelta a la rutina del trabajo diario. Entonces solo queda la posibilidad de subnutrirse mediante la mendicidad y el lento deterioro en las calles de las grandes ciudades.

Solo queda la embriaguez para conseguir el olvido del sinsentido de la propia existencia; o el salto a las filas del submundo, lo que inevitablemente lleva a la prisión y a la muerte violenta. Empobrecimiento y revolución Si el empobrecimiento que tiene lugar entre las masas en el curso del desarrollo capitalista fuera uniforme y afectara al conjunto de la clase obrera de manera uniforme, el resultado sería equivalente a la concienciación revolucionaria de las masas.

Los "lumpenproletarios" serían tantos que la existencia del lumpenproletariado resultaría imposible. Las actividades lumpen de los individuos solo podrían expresarse de forma colectiva. La existencia individual parasitaria o la expropiación individual se eliminarían por sí mismas, ya que no es posible que una mayoría viva de gorra o del robo sin quebrar por completo las bases mismas de la sociedad. Que el lumpenproletariado solo sea posible como minoría es muestra también de su carácter trágico.

Como resultado de esa existencia minoritaria solo queda para los lumpenproletarios el vivir del cuento o de la delincuencia. En países en guerra, por ejemplo, donde incluso a pesar de la diversidad de ingresos la escasez cada vez mayor de comida produce un nivel de vida más o menos uniforme entre las grandes masas de la población, es más probable que se produzca una situación revolucionaria que en tiempos y situaciones en los que el empobrecimeinto tiene lugar por etapas y mediante saltos bruscos.

En tanto que el lumpenproleariado surge no solo indirecta sino también directamente de las relaciones existentes, el factor predominante en cuanto al empobrecimiento ha de asignarse a las leyes ciegas que lo hacen surgir. El lumpenproletariado tomó forma por el empobrecimiento inicialmente asociado a la expansión del sistema económico y el fin de esa expansión lo condena a permanecer como minoría, aunque pueda ser una minoría creciente, por mucho tiempo. Como la fase de auge social es muy rápida y la de declinación es muy lenta, una parte de la población trabajadora resulta expuesta a consideraciones de inmiseración a las que solo puede responder de forma lumpen y a las que debe someterse.

Estas son las primeras "víctimas" de un lento proceso de derrocamiento social que de entrada no empuja a los individuos a transformarse en revolucionarios sino más bien en fuerzas principalmente negativas. En lugar de soluciones revolucionarias las salidas que aparecen como posibles son individuales y necesariamente antisociales.

De forma que el lumpenpropetariado puede liberarse a sí mismo de su situación solo mediante su crecimiento, que es al mismo tiempo un índice del proceso de avance revolucionario que se difunde en la sociedad. La forma de vida del lumpenproletariado ha de convertirse en modo de vida de una parte de la humanidad tan grande que no haya posibilidad para el individuo de mantener ningún tipo de vida, ni siquiera en el lumpenproletariado. Como ya se dijo, la apariencia superficial parece desmentir la teoría del empobrecimiento. Considerando simplemente la actitud psicológica de los desempleados, por no hablar ya del lumpen, produce horror la penuria espiritual de estos elementos (a menos que el observador se autoengañe, lo que a menudo parece considerarse adecuado, a efectos de agitación). Liberados de la fatiga embrutecedora, resultan todavía más incapaces que antes de desarrollar una conciencia revolucionaria. Sus conversaciones versan sobre los temas más triviales sucesos y deportes y no tienen relación alguna con su situación actual.

Se apartan casi con temor del reconocimiento de esa situación y de sus consecuencias políticas. El efecto que tiene el empobrecimiento sobre los desempleados puede dividirse en grados. Un pequeño porcentaje no se viene abajo ante la nueva situación. Todavía no han estado apartados del trabajo suficiente tiempo o resultan protegidos del hundimiento por algunos ahorros. Se alzan sobre sí mismos una y otra vez, se empeñan en encontrar trabajo y todavía tienen esperanzas en el futuro del que esperan una mejora en su situación.

La intensidad con la que se esfuerzan en no hundirse excluye a este grupo más o menos totalmente de la actividad política. Más que previamente, se ven obligados a dedicarse a sus más estrechos intereses, no tienen posibilidades de dedicar sus energías a varios campos simultáneamente.

Sin embargo, la gran masa de los desempleados que, como consecuencia del tiempo que han estado sin trabajo han dejado el primer nivel mencionado vive en el más profundo estado de resignación y falta de energía. No esperan nada de la vida. Ni la fantasía misma les permite tener esperanzas. Nada suscita su interés, ni son capaces de implicarse en nada. Han dejado a un lado las características de la humanidad viviente, vegetan y son conscientes de que poco a poco se están hundiendo.

De esa enorme masa gris surge el pequeño porcentaje de los completamente desesperados que se integran en el lumpen o en poco tiempo desaparecen de la vida.

La desesperación y la amargura limitan con la locura y las víctimas o se arrastran o se enzarzan en furiosas peleas como animales aterrorizados. Tan pronto como la sociedad se libra de ellos sus vacantes son ocupadas por elementos procedentes de la masa gris de los resignados que a su vez son reemplazados por los procedentes de los aún íntegros. Independientemente de lo que pueda decirse de la teoría del empobrecimiento, todos los argumentos se vienen abajo ante el empobrecimiento que actualmente está teniendo lugar y al que no se puede poner freno en el contexto de la sociedad actual. Si la teoría del empobrecimiento es falsa, también la revolución es improbable.

Sin embargo, todavía es mucho más probable que el empobrecimiento hasta ahora haya permanecido sin consecuencias revolucionarias visibles solo porque siempre afectó solo a minorías. Una gran masa de empobrecidos por mera razón de su magnitud debe convertirse en una fuerza revolucionaria. Y esto, la abolición del proletariado como tal, es al mismo tiempo el fin del lumpenproletariado, a pesar de que no sea una desaparición inmediata.

Solo el terreno para su desarrollo resulta eliminado. La ideología lumpen que surge como resultado del modo de vida lumpen todavía se manifestará por mucho tiempo como una de las herencias indeseables del proletariado, hasta que las nuevas relaciones hayan cambiado la humanidad suficientemente como para que las tradiciones ideológicas solo se hallen en los libros de historia y no en las cabezas de los seres humanos.

Por todo ello hay que afirmar que el empobrecimiento es una condición previa para el derrocamiento revolucionario y al mismo tiempo hay que combatir en la práctica ese empobrecimiento. Esto no es contradictorio, ya que precisamente por intentar dentro del marco del capitalismo disminuir el empobrecimiento realmente este se incrementa. Pero entrar en esta paradoja nos llevaría al campo de la economía. Dejémoslo pues simplemente en la afirmación de que en el lumpenproletariado los trabajadores solo pueden ver la cara de su propio futuro, a menos que sus esfuerzos por cambiar las relaciones de producción existentes procedan a mayor ritmo. Solo la estrechez de miras de la pequeña burguesía puede señalar con desprecio al lumpenproletariado. Para los mismos trabajadores, "la hez de la humanidad" es solo la otra cara de la moneda que suele admirarse como civilización capitalista. Solo el final de esta traerá consigo el final de aquella.

16 octubre 2010

DE NINGUNA CRISIS SE SALE SI NO MEJORA EL EMPLEO

DE NINGUNA CRISIS SE SALE SI NO MEJORA EL EMPLEO

Por Marcelo Cantelmi (Clarín – 16/10/2010 – Panorama Internacional)

Los datos de los países avanzados sobre mercado laboral hablan tanto de una bomba social para nada desactivada como de las agonías en la estructura de acumulación
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La reunión del FMI en Washington el pasado fin de semana descubrió al director gerente del organismo Dominique Strauss-Kahn como inesperado mensajero de malos augurios por la bomba social que ha dejado activada la actual crisis económica . Desde que estalló en su fecha más estridente en setiembre de 2008 con la quiebra de Lehman Brothers, esta pesadilla dejó en la calle a 30 millones de personas, dijo. El funcionario agregó a esa cifra otra de miedo: 450 millones ingresarán, o lo intentarán, al mercado laboral en los próximos años sin que se sepa qué ocurrirá con ellos, en particular si quedan atrapados en lo que ya parece una inevitable e inminente guerra comercial entre las potencias globales.

El discurso en Washington recordó el mensaje de su compatriota y antecesor Michel Camdessus en Madrid en 1997, quien advirtió entonces que las tensiones sociales, en esa década de ultraliberalismo, ponían en peligro el castillo y urgía a crear redes para contener los océanos de excluidos y frustrados que generaba el modelo. “Cuando usted pierde el trabajo su salud empeora -recitó sobre ese mismo camino Srauss- Khan-. Cuando usted pierde su trabajo la educación de sus hijos empeora y la estabilidad social empeora con amenazas a la democracia y hasta a la paz”. Su reconocimiento posterior de que nada sustancial se logró en esta cita (otro deja vu del 97) hace aún más ominoso el futuro si se tiene en cuenta que esta crisis no sólo no ha acabado sino que exhibe diferentes dimensiones.

Una de ellas es la que los voceros del mercado enarbolan como prueba de que el mundo dejó atrás el derrumbe. Es la que amontona los datos de alta productividad en EE.UU., el crecimiento en Alemania con una tasa prevista para este 2010 de 3%, sin precedentes desde la reunificación en 1990 o el 10% pronosticado para China.

La construcción de la perspectiva debería ser, sin embargo, un poco más amplia para incluir también las imágenes antipáticas de cómo son en verdad las cosas. El espanto de Paul Krugman por el deterioro social y estructural de EE.UU. va en aquella dirección. No hace mucho este Nobel de Economía se reconocía asombrado e incrédulo de que en algunos estados en Norteamérica se dejen deteriorar las rutas, se corte la luz pública o se despida a maestros antes que volver a cobrar impuestos a los más ricos para pagar esos gastos . Eso sucede hoy en la aún principal potencia global que experimenta, especialmente desde la crisis de 2008, un desvío de concentración en el ingreso que la acerca a formas primitivas y hasta, gime Krugman, con estilos de puro subdesarrollo. “El crecimiento es lento y el pronóstico es que el desempleo aumentará y no caerá en los meses por venir. Eso es malo. Pero lo que es realmente pésimo es la creciente evidencia de que a la dirigencia política eso no le importa, de que es parte de la normalidad”, escribió.

El desafío del desempleo no es apenas una turbulencia. Preocupa a este y otros economistas del sistema porque adivinan en ese desvío una señal de agonía para la estructura de acumulación . Es lo que sugiere Strauss-Khan. Esto está en la línea de lo que plantean especialistas como Philippe Egger, vicedirector de la OIT, que sostiene, casi en palabras que parecen un eco de las del brasileño Celso Furtado hace tres décadas cuando investigaba el deterioro de los términos del intercambio con Fernando H. Cardoso en el exilio chileno, respecto a que “el indicador de empleo es el único verdadero de recuperación económica”. Lo que asombra y quizá no debería es el enorme calado que exhibe este problema y la poca atención que se le brinda. No sólo hay 14,8 millones de personas sin empleo en EE.UU., número que crece a 24 millones con los subempleados, sino que la mitad de los desocupados han estado sin un trabajo por más de seis meses, la estadística más extensa desde la década de 1930.
Para hacer más claro el punto, téngase en cuenta que se requerirían poco más de cien mil nuevos puestos de trabajo creados cada mes año tras año para llegar a un nivel normal de crecimiento del mercado laboral.

No será la primera vez que se plantea, -aunque con buenas dosis de incorrección política-, que el segundo capítulo de una nueva caída en W de la economía pueda leerse también por esta expresión social.

El problema no es sólo norteamericano, lo que confirma que las casualidades suelen estar alejadas de estas contradicciones económicas y, consecuentemente, políticas. En Alemania, uno de cada cinco trabajadores lo hace en el sector de empleo precario, con salarios mínimos, no básicos porque en ese país no existe un sueldo base. Cerca del tercio de los nuevos empleos son temporarios y muchas veces muy mal pagos, según investigación de The Wall Street Journal . Por esa razón el desempleo luce maquillado con un 7,6% contra el 10% en Francia. Pero lo más importante son otro par de datos.

El ingreso anual de estos trabajadores cayó poco más de mil euros desde 2004 a 15.815 el año pasado . La OCDE, en el informe sobre empleo para el 2010, muestra que mientras en el resto de los países del norte mundial el número de trabajadores mal o mínimamente pagados se mantuvo sin cambios, incluso en EE.UU., en Alemania aumentó nada menos que 16% en la década que finalizó en 2008. El departamento de Empleo de la Universidad Duisburg-Essen admite que: “ningún otro país ha experimentado un alza similar del sector de ingreso precario en los últimos años y una dispersión tal de esos sueldos bajos como exhibe Alemania”. Esto no sucede por generación espontánea, Hay un criterio para afilar la cima distributiva que se aceleró desde la crisis.

La historia suele brindar capítulos elocuentes sobre los riesgos que subyacen en estos juegos. Hace poco, los trabajadores de una planta de estampado de General Motors en Indianapolis se levantaron contra su propio sindicato The United Auto Workers y la empresa, en rechazo de una propuesta para reducirles 50% los sueldos, US$ 29 a US$ 15.50 la hora. Con ese ingreso, una familia de cinco miembros entra de lleno bajo la línea de pobreza. General Motors es una de las tres grandes automotrices, junto con Ford y Chrysler, que el Estado federal salvó de la quiebra tras la crisis de 2006.

Al igual que en Europa, todo el mecanismo tiende a desbastar los beneficios sociales que regían antes del tsunami. Es otro mundo el que se está construyendo en el que los límites se han borroneado, incluso muchos equilibrios cuya ausencia es lo que asusta ahora en el vértice de la pirámide.

02 julio 2010



QUE NO NOS METAN EL PERRO

Las versiones periodísticas señalan que la Unión Europea elevará la semana próxima ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) un reclamo por la política de importaciones que lleva a cabo el Gobierno Argentino.

La noticia es interesante porque sería bueno tratar en el mismo panel la solicitud de Argentina y Ecuador para que los países miembros de la OMC declaren los “programas de estímulo fiscal y ayuda financiera adoptados por algunos Miembros en respuesta a la crisis” (cf. WTO WT/GC/W/609 - 9 de octubre de 2009) su monto e impacto.

Así veremos cómo, hablando en criollo, los países de la UE y otros aplican la “política del tero” (en un lado pegan el grito y en otro ponen los huevos).

Obviamente, la calidad institucional demanda que las políticas de administración del comercio sean transparentes y generen certeza. Esos rasgos no se contradicen en nada con la decisión soberana de no permitir que los países de la UE nos exporten “su” crisis.

No obstante los ejemplos no cunden como para que podamos sugerir desarrollar una política de “benchmarketing”.

Porque, no podemos decir que los enormes subsidios, estímulos y ayudas otorgadas al mundo financiero hayan sido el resultado de las buenas prácticas de las diversas gestiones gubernamentales de los países desarrollados, más algún día, tal vez, se pueda saber el verdadero costo de éstas políticas.