27 febrero 2021

¿Qué encontraremos detrás de la espesa neblina que nos cubre?[i]

 

¿Qué encontraremos detrás de la espesa neblina que nos cubre?[i]

Detrás de más de 100 entrevistas con empresarios PYME durante el periodo de ASPO y posteriormente (DISPO), en el periodo desde fines de junio hasta hoy en que los protocolos para el reinicio de la producción afectaron no sólo volumen y productividad, sino que pusieron en cuestión aspectos neurálgicos del proceso productivo, he llegado a una conclusión provisional, pero conclusión al fin. 

Se exhibe una incomprensión que resulta un verdadero desafío de comprensión como consultor. No surge de modo claro y directo, pero es audible, visible en su lenguaje corporal, en sus modos de hablar, en sus lenguajes. Ya señalé que no es incertidumbre (ver https://schwartzereconomia.blogspot.com/2020/12/la-incertidumbreuna-excusa-inaceptable.html) 

No, los entrevistados perciben que detrás de la niebla (uso esa figura para calificar a la pandemia, pero no a la cuarentena) no logran descifrar si hay una roca cuyos rasgos no pueden aún describir pero que resulta un peligro que, de chocarla, tendrá efectos desbastadores, o si despegada la niebla se abrirá, como dice el poeta "el cielo azul, la luna clara". 

Tal vez las sensaciones que les surgen me remiten a lo que habrá sentido Odiseo ante la Isla de las Sirenas momento en que debió tomar una decisión estratégica (han bastardeado tanto en los últimos días este concepto que cuesta usarlo y que no se confunda con lo que realmente debieron decir: picardía del libro del Viejo Vizcacha) y fundamental para alcanzar su objetivo: reencontrarse con su amada isla de Ítaca y Penélope. 

Lo cierto es que, ya se detectan los impactos tanto de la economía política de plataformas y la digitalización de muchos de sus procesos que ya se puede perfilar la demanda futura de éstas empresas y que luego de las entrevistas, podemos enunciar en algunas preguntas: ¿cómo transformo y alineo mi proceso de producción a éstas (no tan nuevas) formas de organización productiva donde el acceso a plataformas de procesos -sean productivos o de gestión- requieren la incorporación de una fuerte digitalización de mi empresa. 

Esas inquietudes, dadas las urgencias que enfrentan, aún no le hemos dado respuesta de modo, diríamos intencional (son, en última instancia potenciales clientes que no queremos que huyan despavoridos, ya llegará el momento. Después de todo esa es la tarea del consultor). 

Pero la cuestión viene por el lado del imaginario de la política pública que desde hace ya un largo tiempo viene soñando con lo que llama el desarrollo del mal llamado “sector de servicios del conocimiento” y su capacidad de generar exportaciones que agreguen mejoras sustantivas al balance comercial y por ende, mejoren el perfil de la cuenta corriente del Estado. 

Dijo “mal llamado” porque lo que se denomina “economía del conocimiento” y todo el debate normativo para incorporar ése sector a la dinámica de la economía nacional no es “sector servicios” (terciario, dirían los viejos libros de Introducción a la Economía” sino que es un sector absolutamente industrial, que responde a procesos de creación valor de valor cuya organización -aunque los lay out sean aún heterodoxos- es claramente industrial. 

¿Por qué decimos esto? Porque se utiliza como insumo: ya sea como materia prima o como partes y piezas el conocimiento de personas (que más allá de su ornamentación) son trabajadores que transforman esos insumos en productos dirigidos al mercado, commoditizados, que disponen de nulo valor de uso para sus productores pero un altísimo valor de cambio que permite ilusionarse con su “no pertenencia” a la clase obrera a la que en muchos casos desdeñan e incluso, que haya usado ése concepto clasista, me atraerán todo tipo de críticas y comentarios negativos y descalificadores. 

La política pública sueña con desarrollar enclaves para transformar el conocimiento, la inteligencia que alberga en la “cabeza” de éstos nuevos trabajadores (obreros al fin) en productos transables a escala internacional. 

No sólo se desarrolla una Ley (que esperemos comprendan que debe ser perfeccionada) que otorga incentivos impositivos (pero no laborales) sino que vemos que las Universidades e incluso los gobiernos subnacionales y locales lo incentivan (pero no dejan de facturarles el IIBB), todo se dispone a nivel de política pública en pro de hacer efectiva la ilusión de tener su propio “Silicon Valley” local, sin siquiera tener una visión clara de sus impactos, consecuencias y modelos de desarrollo que se implantan. 

No soy para nada contrario a que se la política pública avance en este sentido, por el contrario, pienso que escribir estas líneas es incentivar al debate y de allí que recomiendo el libro de Sadin sobre la “Silicolonización del mundo” y su relación con el avance del “liberalismo digital” que, en mi opinión, no es más que un paso adelante y muy sofisticado del neoliberalismo como (y voy a usar una escandalosa expresión) “etapa superior del capitalismo”

 Lic. Carlos Guillermo Schwartzer

 Colegiales, 27 de febrero de 2021



[i] (Mi homenaje hoy, a quién armado de coraje y pese a lo prohibido enarboló, en las Barrancas del Paraná, la Bandera Nacional)

 


17 febrero 2021

UN PLAN DE GOBIERNO: LA PERVERSION REQUIERE EL DESACOPLE

 

UN PLAN DE GOBIERNO:

LA PERVERSION REQUIERE EL DESACOPLE

Con buen criterio Gustavo Bazzan en Clarín (Ver nota  “El desacople de la Argentina, un fenómeno que va mucho más allá del precio de los alimentos”- https://www.clarin.com/economia/publicar-desacople-argentina-fenomeno-va-alla-precio-alimentos_0__dvN7Hpvz.html ) utilizó el término “desacople” con sentido económico. La ejecución del plan gubernamental cuyo “norte” es la impunidad para la vicepresidenta (VP) y sus hijos (las causas de los hoteles los involucra de modo directo) da paso a una versión más amplia del “desacople”.

Por un lado, interno, la distancia entre quienes imaginan y trabajan por una república con pleno ejercicio de los valores democráticos y quienes, en ejercicio pleno de la indiferencia pugnan o defienden la mínima tajada o la mera limosna del presupuesto público con ignorancia de quien lo alimenta; se hace más amplia y difícil de remontar.

La perversión (la corrupción sólo es una expresión de ella) que ejecutan los más altos niveles de la llamada “clase política” (el uso del término “clase” es precisamente lo que marca su separación y autonomía del conjunto de la sociedad) que aceptan no con sumisión sino con complicidad el liderazgo de la VP va trazando un irreversible camino hacia la autodestrucción. En el camino sólo se esperan flagelos y un largo y permanente trayecto de dolor a los secuaces y a quienes se someten a los mandatos de la esa perversión en la que parecen encontrar “confort”.

Simultáneamente, el “desacople” se verifica en las relaciones con el resto del planeta. Poco a poco, el camino que traza la perversión -y como no puede ser de otra manera- nos vamos quedando solos, nos vamos recluyendo y quienes se declaran “amistosos” lo hacen en pro de sus propios intereses.

El “desacople” como lo señala con buen criterio Gustavo Bazzan es la línea rectora del plan político del Frente de Todos hoy en gobierno. Más aún, la perversión requiere el desacople ya no sólo en materia económica, sino como reflejo de la alienación en que ha recalado una gran parte de la sociedad en defensa de mínimas prerrogativas devenidas del ejercicio de otro de los rasgos de los perversos: la magnanimidad selectiva y discrecional.

Lic. Carlos Guillermo Schwartzer

Colegiales, 17 de febrero de 2021

 

06 febrero 2021

 

Redes, censura, ciudadanía

Tras la deserción de la prensa, el futuro de la libertad de expresión se juega en las redes

https://gauchomalo.com.ar/redes-censura-ciudadania/



27 enero 2021

COVID 19: ¿QUÉ PASA CON LA COBERTURA DE LAS ART?

 

COVID 19: ¿QUÉ PASA CON LA COBERTURA DE LAS ART?

 Con fecha 14/04/2020 se publicó en el Boletín Oficial el DNU 367/2020 que dispuso:

 ARTÍCULO 1º.- La enfermedad COVID-19 producida por el coronavirus SARS-CoV-2 se considerará presuntivamente una enfermedad de carácter profesional -no listada- en los términos del apartado 2 inciso b) del artículo 6º de la Ley Nº 24.557, respecto de las y los trabajadores dependientes excluidos mediante dispensa legal y con el fin de realizar actividades declaradas esenciales, del cumplimiento del aislamiento social, preventivo y obligatorio ordenado por el Decreto N° 297/20 y sus normas complementarias, y mientras se encuentre vigente la medida de aislamiento dispuesta por esas normativas, o sus eventuales prórrogas, salvo el supuesto previsto en el artículo 4° del presente decreto.

 

ARTÍCULO 2º.- Las ASEGURADORAS DE RIESGOS DEL TRABAJO (A.R.T.) no podrán rechazar la cobertura de las contingencias previstas en el artículo 1º del presente y deberán adoptar los recaudos necesarios para que, al tomar conocimiento de la denuncia del infortunio laboral acompañada del correspondiente diagnóstico confirmado emitido por entidad debidamente autorizada, la trabajadora o el trabajador damnificado reciba, en forma inmediata, las prestaciones previstas en la Ley N° 24.557 y sus normas modificatorias y complementarias.

 

Y complementariamente estableció que

 

ARTÍCULO 5°.- Hasta SESENTA (60) días después de finalizado el plazo de aislamiento social, preventivo y obligatorio establecido por los Decretos Nros. 297/20, 325/20 y 355/20, el financiamiento de las prestaciones otorgadas para la cobertura de las contingencias previstas en el artículo 1º del presente decreto será imputado en un CIENTO POR CIENTO (100%) al FONDO FIDUCIARIO DE ENFERMEDADES PROFESIONALES.

 

Las normas complementarias y aclaratorias del presente decreto, emanadas de la SUPERINTENDENCIA DE RIESGOS DEL TRABAJO (S.R.T.) o de la SUPERINTENDENCIA DE SEGUROS DE LA NACION (S.S.N.), en el marco de sus respectivas competencias, establecerán las condiciones y modalidades requeridas a los efectos del reintegro por parte del FONDO FIDUCIARIO DE ENFERMEDADES PROFESIONALES de erogaciones efectuadas en cumplimiento de lo prescripto precedentemente y garantizarán el mantenimiento de una reserva mínima equivalente al DIEZ POR CIENTO (10%) de los recursos de este último, con el objeto de asistir el costo de cobertura prestacional de otras posibles enfermedades profesionales, según se determine en el futuro. 

Posteriormente, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, a través de la Resolución 38/2020 (BORA 29/04/2020) estableció la reglamentación del DNU 367/2020.

Sin embargo, DNU 875/2020 (BORA 07-11-2020) generó un cambio de metodología de funcionamiento de la emergencia sanitaria para amplios sectores del país y que paso a denominarse, según el

 ARTÍCULO 2º.- DISTANCIAMIENTO SOCIAL, PREVENTIVO Y OBLIGATORIO: Establécese la medida de “distanciamiento social, preventivo y obligatorio” en los términos ordenados por el presente decreto, para todas las personas que residan o transiten en los aglomerados urbanos, partidos y departamentos de las provincias argentinas en tanto estos verifiquen en forma positiva la totalidad de los siguientes parámetros epidemiológicos y sanitarios

Estableciendo una serie de requisitos de carácter epidemiológicos para adoptar la nueva metodología de organización social en materia de emergencia sanitaria.

El Artículo 3° del DNU 875/2020 determinó que todos los Partidos del AMBA pudieran pasar del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) al Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio (DISPO).

Este cambio de tratamiento fue rápidamente -y entendemos que prematuramente – considerado por las Aseguradoras de Riesgo del Trabajo (ART) quienes, a partir del 8/11/2020 comenzaron el conteo de los 60 días dispuestos por el DNU 367/2020 en su artículo 5°.

El fundamento de esta decisión de las ART se basa en lo dispuesto por el artículo 1° del DNU 367/2020 que sólo se refirió a la situación ASPO en forma taxativa no previendo la posibilidad de adaptaciones o adecuaciones conforme la emergencia sanitaria producida por el COVID-19 producida por el coronavirus SARS-CoV-2.

Los 60 días se cumplieron el pasado 7 de enero de 2021.

Algunas ART procedieron -reiteramos de modo apresurado pero efectivo- a comunicar a sus clientes que a partir de esa fecha los trabajadores que manifestaran contagio de la dicha enfermedad NO serían cubiertos por la ART y que deberían redirigir la demanda prestacional hacia las Obras Sociales. 

Dada la complejidad del cuadro infeccioso y sus impactos en el núcleo cercano que bien pueden ser familiares o trabajadores que comportan el ámbito laboral y la indeterminación respecto al lugar y momento del contagio la cuestión se torna sumamente compleja y podríamos denominarla como una expresión poco solidaria y en extremo formalista por parte de las ART que a partir del 07/01/2021 hayan resuelto liberarse de su responsabilidad trasladándole al Empresario (en los hechos su cliente) las erogaciones que demanden el tratamiento del trabajador y sus consecuencias presentes y futuras. 

Cuando decimos “presentes” -y suponiendo que la Obra Social del trabajador- asume la totalidad de las prestaciones médicas- queda por resolver la cuestión de los salarios caídos -tanto del trabajador infectado como de los contactos estrechos dentro del ámbito laboral que podrían haberse contagiado o ser portadores pasivos requiriendo cumplir con el aislamiento preventivo que se recomienda hasta determinar su nula contagiosidad. 

Pero la cuestión de los salarios caídos es sólo un aspecto del problema. 

Si el trabajador enfermo fuera aislado y sometido al tratamiento médico por la Obra Social, debemos evaluar en primer lugar la inmediata necesidad de proceder a desarrollar todos los controles clínicos a cada uno de los trabajadores de relación estrecha en el ámbito laboral con el riesgo cierto que otros trabajadores también hayan sido contagiados y requieran el mismo tratamiento. ¿Qué implica? Qué se corre un riesgo alto de ver desarticulada la planta de trabajadores con una posible necesidad de tener que detener la producción. 

Recordemos que habiéndolo o no comunicado las ART resolvieron no hacerse cargo de los riesgos basados en un hiper formalismo normativo que expresa la incomprensión pero también la falta de solidaridad y comprensión del momento que se esta atravesando. En criollo: una avivada para borrarse y ejecutar a pie juntillas la política del “sálvese quién pueda” y en tanto ellos han encontrado la “letra” que los salva, se salvan. Dejan al Empresario expuesto sin ninguna contemplación y con total desaprensión respecto del espíritu para el cual fueron creadas. 

Pero hablemos del futuro. 

En ése futuro, el trabajador ya restablecido puede -no esta probado científicamente- comenzar a manifestar síntomas, enfermedades, consecuencias no deseadas que le impidan reintegrarse al 100% de sus capacidades y que demanden atención médica posterior. 

Nuevamente el sistema de Obra Social deberá dar respuesta médica, pero ¿y esta es la pregunta? ¿Cómo, cuanto tiempo, en qué condiciones, etc el/los trabajadores podrán reintegrarse de modo pleno a los procesos de trabajo para los cuales han sido contratados oportunamente? 

Por ejemplo, se remiten casos de pérdida de concentración, dificultades respiratorias posteriores, agotamiento físico prematuro, etc. ¿cómo habrá de responder el Empresario a estos desafíos? 

Dos cuestiones para concluir: 

1.    Se podrá catalogar el Informe de “tremendista” y que los Empresarios afrontan cada día todo tipo de riesgos a veces de peores consecuencias. ¿podrán con éstos? ¿Qué cobertura de riesgo están realizando para de alguna manera acotar los riesgos derivados. 

2.    La noticia que agrega esperanza es que en breves días un nuevo DNU pondrá las cosas en orden respecto de las ART. Pero se debe resolver -y eso dependerá década ART- la zona gris que queda entre el 07/01/2021 y la fecha de vigencia del DNU nuevo, salvo que éste declare específicamente la continuidad de los establecido en el DNU 367/2020 

Los mantendremos informados  

Lic. Carlos G Schwartzer 

Colegiales, 27 de enero 2021

 

13 enero 2021

 Tomado del Blog "gaucho malo" - El sitio de Santiago González

(https://gauchomalo.com.ar/)

COMO RABINOS, COMO ROBOTS

 Al cambiar su modo de lectura, la conciencia humana se acomoda, se vuelve cómplice de los instrumentos concebidos para esclavizarla


Hay un aprender a leer que ocurre entre los tres y los cuatro años, cuando más o menos comenzamos a entender la relación entre unos signos gráficos y las palabras que representan. Pero ése es apenas el comienzo. Leer es una operación bastante complicada, que no se limita a recorrer los textos con la mirada, recoger la información y enviarla al cerebro.  Especialmente porque las palabras no siempre quieren decir lo que parecen decir.  Revelan tanto como ocultan, sugieren, seducen, rechazan, desvían la atención.  La lectura ingenua o inocente toma las palabras al pie de la letra. Pero leer supone perseguir por diferentes caminos la relación entre las palabras y las cosas, reales o imaginarias, concretas o abstractas, a las que aluden.

 

Por eso es que el aprendizaje de la lectura dura toda la vida, nunca recibe su diploma ni tiene su fiesta de fin de curso.

 Tenemos una lectura digamos racional, que hurga en el corazón de los textos para precisar su sentido: es la lectura de la inteligencia, término que significa literalmente “lectura del interior”, de lo que está adentro (inter) de la palabra (logos).  

Así es como leemos, por ejemplo, un ensayo, o un artículo como éste.  Esta clase de lectura nos parece tan obvia y natural que por lo general nos lanzamos a ella con tanta audacia como imprudencia, hasta el día en que algo no nos cierra del todo, y ahí es cuando empezamos a darnos cuenta de que existen las falacias y otras trampas del lenguaje.  Conocerlas es aprender a leer de otro modo, más cauteloso.  No es cuestión de andar por esos caminos verbales de Dios casi como vinimos al mundo, y quedar a merced de cualquier charlatán, de cualquier prestidigitador de las palabras.

 Pero eso no es todo.  El “duro ruido blando” que hace la oreja del burrito Platero no es una zancadilla de Juan Ramón Jiménez, es algo simplemente inasible a la razón. Por eso se nos enseña también otro tipo de lectura, que supone un vaivén entre la forma (gráfica, sonora) y el contenido, y apela además a lo sensual y lo emotivo para desentrañar un significado no literal, sino sugerido: es la lectura de la interpretación.  Interpretar viene de intermediar (inter) para determinar un precio (pretium), o sea tasar, y supone establecer correspondencias entre dos sistemas distintos. Tal como un tasador traduce las cualidades de una casa a una suma de dinero, un músico traduce una partitura a una secuencia sonora, o un traductor vierte un texto de una lengua a otra.  Cuando leemos poesía empeñamos los sentidos, la emoción y la razón para traducir sus sugerencias a un sistema inteligible, aun sabiendo que la interpretación puede ser provisoria y cambiante (¡como el precio de la propiedad!).

 Con esos dos modos de lectura que acabo de describir podemos aproximarnos a casi todo lo escrito: editoriales, informes científicos, novelas, poesías, avisos publicitarios, documentos.  El “casi” es deliberado.  Nuestra patria espiritual, eso que llamamos Occidente, se edificó sobre el Libro ( o mejor dicho los libros, Biblia).  Esto viene de Jerusalén: nuestra otra vertiente cultural, la de Grecia y Roma, carecía de textos sagrados. Ni siquiera se les ocurría que un texto podía ser sagrado. Lo más parecido a una palabra divina era el oráculo, pero sus acertijos eran más bien jugarretas de unos dioses crueles que se divertían con los dilemas humanos. El crítico español José Ma.  Rodríguez Méndez habla de un modo de lectura reverencial, “al estilo judío”, nacido de la aproximación particular que reclaman los textos sagrados.

 La actitud “reverencial” frente al texto escrito, dice este autor, se extendió más allá del ámbito religioso para convertirse en un modo general de leer.  “Se leía buscando un sentido religioso, cabalístico, profundo a la letra”, dice. Y agrega: “El sentido semítico de la lectura en España tenía aquel carácter sagrado de los intérpretes de la Biblia, que buscan algo más que placer, expansión o ampliación: verdad.” La observación de Rodríguez Méndez podía comprobarse fácilmente.  En muchas bibliotecas particulares era común advertir uno o varios volúmenes particularmente ajados -novelas, ensayos, poesías- que reflejaban la afanosa búsqueda de verdad de su dueño, su visita reiterada (reverencial) a los mismos textos para extraer de sus palabras el máximo de sentido.

 La lectura reverencial asimila los modos racional y emocional, por llamarlos de algún modo, de la lectura, pero necesariamente debe superarlos: no se puede leer un texto sagrado sólo con el cerebro o sólo con el corazón, pero tampoco se lo puede leer sin ambos.  La lectura sagrada se practica desde el espíritu, que preside sobre la razón y los sentimientos.  Ahora bien, por su propia naturaleza, por dirigirse hacia un texto revelado por Dios, la lectura reverencial excluye la crítica o el disenso.  Por cierto, cuando se la practica fuera de su ámbito se vuelve extremadamente peligrosa. El siglo XX está plagado de ejemplos de lecturas reverenciales aplicadas a textos profanos, que alimentaron fanatismos, despotismos e intransigencias de toda laya.

 Saber leer es parte sustancial de nuestro dominio del lenguaje.  Y nuestro dominio del lenguaje es lo que nos distingue como especie; la evolución de la especie puede medirse por la evolución de su dominio del lenguaje. A lo largo de los siglos desarrollamos una refinada cultura verbal, de la que depende absolutamente todo lo que somos: nuestros saberes, nuestras creencias y nuestros valores. La cultura verbal permite el pensamiento abstracto, la ciencia dura y la filosofía; la cultura verbal nos permite compartir y comparar otras formas de expresión -plásticas, musicales, escénicas-, en la medida en que logramos interpretarlas, traducirlas en palabras, y conversar sobre ellas.  Esa cultura verbal es la que estamos perdiendo aceleradamente, principalmente desde la irrupción de la televisión, para sustituirla por una cultura de la imagen, una cultura basada en la impresión, instantánea, fugaz, aislada, autosuficiente.

 “La televisión – escribí en una nota anterior- trastornó la manera como nos representamos el mundo, como nos ubicamos en tiempo y espacio en ese mundo, y como interactuamos con él. El pasaje de una cultura basada en la palabra a una cultura visual mutiló nuestra capacidad de discernir, reflexionar y actuar hasta convertirnos en una suerte de baldados sociales, de analfabetos funcionales, de bárbaros de nuevo cuño.  La palabra es un fenómeno social, es acción, intercambio y reflexión. La palabra permite el pensamiento abstracto, sobre el que se apoya la inteligencia superior de la especie.  Poseemos un fino repertorio de filtros y controles, elaborado a través de los siglos, para someter a crítica el flujo de las palabras, para tasar esa moneda de intercambio espiritual. La imagen es la reproducción mental de algo que está afuera, es individual, intransferible e inapelable.”

 La televisión, literalmente, nos arrebató el uso de la palabra, incluidas todas las refinadas formas de lectura descriptas más arriba y que, en diversos grados, eran de uso común.  De otro modo, nuestros grandes letristas de tango, por ejemplo, autores populares si los hay, no habrían podido escribir la poesía exquisita y compleja que escribieron, y ser ampliamente comprendidos y disfrutados. “Un mundo concentrado sólo en el hecho de ver es un mundo estúpido –escribió el ensayista italiano Giovanni Sartori–; el homo sapiens, un ser caracterizado por la reflexión, por su capacidad para generar abstracciones, se está convirtiendo en un homo videns, una criatura que mira pero que no piensa, que ve pero que no entiende”.

 Cohen-Séat y Fougeyrollas lo explican así: “La actitud de los individuos sometidos a la información verbal es una actitud de recepción.  Esto significa que reciben los mensajes verbales, a los que deben y pueden responder mediante conductas apropiadas, verbales o de hecho. La actitud de los individuos sometidos a la información visual es una actitud de participación.  Esto quiere decir que las representaciones no son solamente recibidas, sino que son, más exactamente, vividas por quienes las reciben.  La información visual desencadena de inmediato no conductas de respuesta sino comportamientos de empatía.  (…)  La participación es un  modo de comprensión en el cual lo afectivo se impone de una manera decisiva a lo intelectual.”

 De alguna manera, el uso extendido de la red Internet destronó a la televisión como medio de comunicación dominante en la sociedad.  La red es un medio ambiguo en el que conviven todas las formas de comunicación. Pero su organizador principal es verbal.  Después de casi medio siglo de reinado de lo visual, volvimos a leer.  Pero en medio siglo entran por lo menos tres generaciones: es mucho tiempo.  Volvimos a leer, es cierto.  No es seguro que recordemos cómo hacerlo, ni es seguro que existan maestros capaces de devolvernos esas capacidades que describimos al comienzo, refinadas y perfeccionadas con el paso de los siglos, pero arrojadas a un lado durante tres generaciones.  Demanda mucho tiempo y mucho esfuerzo edificar una civilización; a la barbarie se vuelve en un santiamén, como quien se desliza despreocupado por una pendiente.

 La cultura visual que nos absorbió durante las últimas décadas nos acondicionó de tal forma que ahora encaramos la palabra escrita con criterios visuales. La lectura es lineal: procede según la secuencia de las palabras y acompaña el desenvolvimiento del razonamiento, el relato, la poesía o la oración. La lectura necesita tiempo, y tiene su ritmo. La lectura exige al cerebro digerir lo que lee, en un complejo proceso que es a la vez de inteligencia, de comprensión, tal como vimos, y que incluye la asociación, la puesta en contexto, la comparación.  En cambio, la captación de la imagen es todo lo contrario: instantánea, congelada, suficiente, carente de contexto.  Vimos  la rodilla policial sobre el cuello del negro, y estaba todo dicho. La respuesta fue inmediata y emocional.

¿Cómo se puede leer con una mente formada en la cultura visual?  Después de observar durante un tiempo los intercambios en la red Internet -en las redes sociales, en los foros y en los comentarios a las notas periodísticas, incluso en los sitios dedicados a la compraventa- encontré lo que parece ser un patrón de comportamiento: tendemos a enfrentar los textos como si fueran imágenes, buscando asimilar instantáneamente lo que se nos presenta ante los ojos. Para decirlo más claro: no seguimos el discurso, la expresión que discurre en el tiempo, sino que buscamos velozmente con la mirada indicadores que permitan asimilar lo que leemos a un repertorio de imágenes preconcebidas. Como quien ve un vehículo más o menos cuadrado con una cruz roja en el costado e instantáneamente reconoce: ambulancia.

 Esto es muy fácil de distinguir cuando se trata de discursos sobre temas controvertidos: el lector visual busca palabras clave, que funcionan como indicadores para reconocer un perfil sobre el que su facción ya tiene un juicio hecho: mercado, derechos, feminismo, nazis, neoliberalismo, pibis, Cristo, imperialismo.

El lector visual no lee para entender sino para tomar posición, su respuesta no es intelectual, inteligente, sino emocional, inmediata. Como consecuencia, tal como describí en una nota anterior, “el prejuicio, la agresión y el insulto prevalecen sobre la reflexión, la comprensión y la tolerancia. Las palabras ya no son el logos que ordena e ilumina, sino piedras que se arrojan para golpear, o que funcionan como santo y seña para suponer, no para entender, lo que el otro quiere decir, y responder con la energía del caso.”


Esta lectura visual explica buena parte de las grietas que dividen las sociedades occidentales.  Ahora bien, aparece aquí una inquietante coincidencia entre la manera de leer del homo videns que acabamos de describir y la lectura cibernética de control y manipulación que practican los grandes operadores de Internet.  Esa forma visual de leer, que busca indicadores y descarta el resto, es en sustancia la misma que utilizan los expertos en inteligencia artificial cuando diseñan esos programas que leen nuestras actividades, preferencias y transacciones rastreando señales que diseñen nuestro perfil y permitan vendernos cosas, orientarnos políticamente o vigilar que no nos pasemos de la raya, cualquiera sea esa raya.  Solíamos leer como rabinos, ahora tendemos a leer como robots.

 Peligrosamente, la estructura misma de la conciencia humana se confunde, se acomoda, se vuelve cómplice de los instrumentos concebidos para esclavizarla.  Más peligrosamente todavía, esto ocurre en un escenario -que algunos creen organizado por Antonio Gramsci y otros por Humpty Dumpty- donde las palabras tienden a separarse de las cosas para significar lo que el poder quiere que signifiquen.

–Santiago González

 




03 diciembre 2020

 

TIEMPO DE NOVEDADES

¿ESTAMOS PREPARADOS PARA RECIBIRLAS?

 

Una actividad de los colegas de Actuación Profesional en Procedimientos Concursales del Consejo Profesional de Cs Económicas de CABA llamó mi atención por lo que estimo un buen intento de conversar sobre el porvenir, pero arriesgada, para proponer abordar la “Recuperación Económica Pospandemia”. 

En mi visión referirse a ese tema de ese modo llama a confusión. 

¿Por qué? Porque cada país adopto políticas públicas diferentes y tal como esta siendo demostrado los resultados son bien diferentes. Es cierto que cada Gobierno estableció las prioridades y diseño las políticas públicas conforme a los criterios soberanos motivo por el cual no es posible aplicar el genérico “Pandemia”, sino que debemos referirnos a lo que genéricamente se ha dado en llamar Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) ahora convertido en Distanciamiento (DISPO). 

Con lo cual, tal vez debió titularse la “Recuperación Económica Pos-ASPO/DISPO”. Reitero la “pandemia” es una calificación de la salud pública a escala global que demanda vacunas, barbijos, cuidados sanitarios, etc. 

La pandemia es un fenómeno global que fue tratado por cada país con políticas públicas diferenciadas y, obviamente, con instrumentos y resultados diversos. Por otra parte resulta incierto el momento en que la OMS la declare resuelta o la transforme en epidemia y a su vez, cada país, habrá de, en el marco de su soberanía, resolver adherir o no a la calificación. 

El ASO/DISPO genera otros análisis, otras evaluaciones y otras políticas en materia empresaria dado que ésa política sanitaria incluía -como lo señala el DNU 297/2020 medidas de carácter económico de tal magnitud como el cese completo de la producción. 

Obviamente es posible que muchas Empresas ya venían con anterioridad al DNU 297/2020 con situaciones críticas en materia de gestión empresarial, pero a partir de ése DNU el contexto de evaluación, análisis y decisión sobre la reestructuración, reorganización, etc o quiebra se transformó de manera radical. 

Es por ello que la materia a analizar es el impacto que ése DNU -del que se organizó un aparato legal de singular complejidad y novedad que afectó desde garantías individuales hasta los detalles más pequeños como solicitar autorización para correr. 

Pero estas políticas públicas, estas decisiones que pueden estar motivadas en una pandemia, fueron diseñadas, organizadas, normadas y sujetas al estricto control estatal por parte del Gobierno Argentino en todas sus jurisdicciones. No es una cuestión global, es una cuestión particular, porque, reitero, es particular el modo en que cada país encara el fenómeno sanitario global. 

Por eso, la política económica derivada de las decisiones tomadas a partir del DNU 297/2020 han dado paso a un escenario que podríamos llamar “novedoso” pero de incierto destino para el conjunto de la sociedad, basta observar las estadísticas de empleo, caída del PBI, hacer un análisis específico de la recaudación tributaria, la evolución de la pobreza, etc para concluir que ni siquiera el propio Gobierno Nacional tiene resuelto el modo, la organización y el estado de situación que se deberá enfrentar cuando decida dar por terminada la emergencia sanitaria. 

En estos días está en desarrollo la 26 Conferencia Industrial de la UIA y nadie menciona en voz alta este intríngulis. Se escucha a los funcionarios hablar, pero no se conoce una sola decisión, en el mientras tanto se prorrogan prohibiciones, se estiran los plazos. 

Del mismo modo el sector empresario prefiere no hablar en público del tema y prefieren “barrer el problema” bajo una alfombra llamada “incertidumbre” a la que me he referido en éstos días (ver https://documentcloud.adobe.com/link/track?uri=urn:aaid:scds:US:6911aeef-13df-4be5-952d-c7d1b791eeda ) 

Allí señalamos que nos cuesta superar el nivel del discurso de gerundios para pasar a lo sustantivo porque por un lado aún estamos inmersos en una tragedia y por otro porque debemos, de modo prioritario, abordar el concepto de crisis en el marco de paradigmas que desconocemos o hemos descartado o no nos han enseñado o hemos rechazado. 

Es decir, debemos enfrentarnos al primer fracaso. El de nuestra visión. 

Coincidentemente el mismo día y hora se reúne la Comisión de Problemática PYME que también debe o -en mi opinión debería- estar preguntándose lo mismo. 

Más aún el Consejo Profesional y la propia FACPCE en su conjunto debería estar reflexionando sobre el destino de lo que para muchos es su objeto de trabajo: la actividad económica. 

En sustitución, la FACPCE plantea un debate mezquino para tratar de en la desesperación de la caída de actividad concentrar todas las incumbencias profesionales en los Contadores Públicos. 

Lo que se observa es, nuevamente, el fracaso de una visión, de una concepción de la crisis, situación propia del desarrollo capitalista, que no se llega a comprender porque aún se esta aferrado a paradigmas y sistemas de pensamiento que ya comienzan a mostrar no sólo decrepitud, sino que ya -en la Argentina - está en su etapa final. 

Estamos viviendo un tiempo especial, es Adviento, lo que anuncia lo nuevo, ¿estamos preparados para recibirlo? 

Lic. Carlos Guillermo Schwartzer 

Colegiales, 3 de diciembre de 2020

 

02 diciembre 2020

 

LA INCERTIDUMBRE: UNA EXCUSA INACEPTABLE

Como lo señaló David Rumsfeld (Secretario de Defensa de EEUU) “Como todos sabe­mos, hay cosas que sabemos. También sabemos que hay cosas que no sabemos. Pero también sabemos que hay cosas que no sabemos que desconocemos”. 

Es precisamente la cuestión central que debe enfrentar el sistema productivo conforme, más por necesidad que por la sanidad, la dinámica económica DEBE volver a la escena. 

DEBE (escrito de modo imperativo) ya no sólo reabastecer la demanda doméstica, sino que -podríamos decir terapéuticamente para estar a la moda- debe generar los espacios de reconstrucción psicosocial para tratar de contener lo que ya es una realidad: la salud psíquica y social de las personas ha comenzado a superar en gravedad e impacto a los efectos de la propia cuarentena eterna (expresión del fracaso de la política pública). 

Sin asistencia alguna, obligados por protocolos de bioseguridad que la dinámica de la realidad desmonta, nadie puede saber que habrá de suceder con una realidad que des­conocen no sólo en sus profundos impactos ni en la extensión de la deflagración que generó una política sanitaria que exhibe no sólo fracasos, sino que le ha agregado el triste espectáculo de discursos cargados de errores, falsedades y comparaciones absur­das. 

Tal como lo señalaba Rumsfeld, el sistema productivo -pero en particular las PYME- “hay cosas que no sabemos” y agrego y que simultáneamente no sabemos que desconoce­mos y ese es el punto. Muchos prefieren hablar de incertidumbre. 

Detengámonos en este concepto tan meneado. Algunos se refieren a él como la existen­cia de información imperfecta o desconocida. Son dos cosas bien distintas. 

Si fuese información imperfecta puede darse que alguien, en este caso del sistema eco­nómico, tenga la información exacta y que deliberadamente la comunica de modo con­fuso o imperfecto o, podríamos decir, de forma opaca. Pero en este caso la existencia de la incertidumbre es deliberada, es intencional y en consecuencia, responde a un ajus­tado plan. Se puede pensar que estamos ante una situación en extremo perversa alen­tada por extraños poderes que buscan su beneficio en esa metodología de trasmisión de la información. Pensamos que sí. Crear confusión no es más que una de las tácticas de la “guerra” (vale aclarar que en nuestra visión la cuestión central de la dinámica del desa­rrollo capitalista es la competencia interempresarial y que las apelaciones a la coopetencia o la asociatividad son meras soluciones de un en extremo corto plazo). 

Pero demos un paso más. El conocimiento se nos plantea no ya como asimétrico sino como desconocido. 

Ese es el campo de la ciencia, ese ese el campo, cuando se trata del sistema económico de la Economía Política. Pero como todo desarrollo científico requiere, primariamente coraje, porque implica adentrarse en territorios y parajes que pensamiento económico “al uso” ha negado, aborrecido, denostado, rechazado, exorcizado pero que, a estar por los resultados, no ha logrado comprender la dinámica del sistema y, en consecuencia, de modo recurrente, nos lleva a enfrentar reiteradas crisis. 

¿No se sabe lo que no se sabe o no se sabe lo que tozudamente se niega? 

Incertidumbre. No sé lo que no sé qué no sé. ¿Es así? 

En este caso, tenemos que señalar que se trata de una palabra que deriva del latín, concretamente es el resultado de la suma de dos componentes léxicos de dicha lengua: el prefijo “in-”, que es sinónimo de “no” o “sin” y la palabra “certitudo, certitudinis”, que es fruto de la unión de dos elementos: el término “certus”, que puede traducirse como “cierto”, y el sufijo “-tudo”, que se usa para indicar “cualidad”. 

A la ausencia de certidumbre se la denomina incertidumbre. La certidumbre, a su vez, se asocia a la evidencia y a la certeza. Esto quiere decir que, cuando alguien atraviesa un momento de incertidumbre, carece de conocimientos fiables o de definiciones sobre algo. 

Volvemos al punto. La incertidumbre es carecer, poseer de modo limitado y fiable defini­ciones ciertas, transparentes y accesibles sobre, en este caso, cuál ha de ser la dinámica económica que habrá de configurar esa situación, domésticamente primero, de post cua­rentena y cómo habrá de quedar ese entorno en el que convivimos llamado mundo cuando la pandemia vaya quedando atrás. 

Frente a la incertidumbre aparecen los pronósticos. Es decir, predicciones de la evolu­ción de un proceso hacia el futuro a partir de criterios lógicos o científicos. Las prediccio­nes son de todo tipo y han dado paso a complejas estimaciones estadísticas, incluso si un fundamento posee el desarrollo de la Inteligencia Artificial (AI) es la perfeccionar los pronósticos sobre el futuro haciéndolos más científicos y fundados. Así, también la me­cánica cuántica ha desarrollado para la incertidumbre lo que se denomina “relación de indeterminación de Heisenberg” que le permitiera obtener el Premio Nobel de Física 

Frente a la tan mentada incertidumbre se han desarrollado en todos los campos de acción todo tipo de metodologías para abordarla y también, en el campo de los pronós­ticos han surgido todo tipo de pronosticadores, incluso se debate la calidad de sus relatos (un pronóstico no es más que un relato sobre el futuro) a la luz del color de la camiseta que el pronosticador viste o sujeto a su pasado más o menos reciente. Como siempre, los hay de todo tipo y calidad, de todo tipo de mezcla de intereses sean políticos, sociales o económicos. 

A esa etapa -que los diversos actores económicos, sociales y políticos- han denominado “nueva normalidad” y que describen plena de “incertidumbre”. ¿Es real que no conoce­mos nada sobre ella? 

Entre los sinónimos de incertidumbre podemos destacar palabras tales como vacilación, duda, indecisión, problema, irresolución o perplejidad, por ejemplo, pero los sinónimos no refieren al desconocimiento, a la ignorancia.

 

¿Será tal vez que a más de la falta o debilitada existencia de instrumentos fundamentales para afrontar los desafíos de la llamada “nueva normalidad” se configura un nuevo para­digma productivo que nos resistimos al menos a escuchar de que se trata y preferimos mantenernos en nuestras poltronas que en un corto plazo serán incómodos sitiales? 

La “nueva normalidad” describe certezas que por su densidad y profundidad nos cuesta abordar porque como lo señalamos, esa etapa es lo que sobreviene a la tragedia.

Hoy, todavía, estamos en tiempos de tragedia pese a la imperiosa necesidad de dejarla atrás. Apelar a la incertidumbre es sólo una excusa y como tal, poco recorrido. La men­tada “nueva normalidad” no es más que lo que la expresión de la post crisis, lo que queda después de la tragedia. 

Las tragedias -que finalmente se constituyen en grandes crisis- que deben enfrentar las sociedades más allá de sus convicciones o visiones, llámense guerras, pandemias, etc, abren, a lo largo de la historia enormes oportunidades. No se trata de repetir sonsamente “crisis es oportunidad”. NO. 

Toda crisis es dramática y está inscrita en ella que existen dos momentos estratégicos: el estado de las cosas cuando ésta se produjo y el momento donde como lo escuche en el ambiente familiar: no todos los que van a la guerra, vuelven. “Los que vuelven”, aunque fisonómicamente parezcan los mismos, son distintos. La post crisis instala de modo in­mediato y sin posibilidad de romanticismo alguno nuevas visiones, nuevas ideas, incluso una revalorización del fracaso. 

Las crisis no generan una suerte de “trade off”, de compensación para aquellos que lo­graron superarla y esperan que se les reconozca o premié la templanza, el aporte o el valor de haberla superado. NO. 

La post crisis -ese momento de control de daños y abrazos con los que volvieron, plantea de modo inmediato y sin resquicio espaciotemporal alguno nuevos desafíos, nuevas de­mandas, nuevas soluciones y hasta ofrece -diría por el mismo precio- la posibilidad de una nueva crisis cuyo objetivo sea separar los triunfalismos sin fundamento de aquellos que inmediatamente se muestran dispuestos a iniciar la construcción de lo nuevo. 

Lo subrayo, la templanza, los aportes o la audacia y valentía de haberse puesto al frente de las crisis (sean estas tragedias colectivas o eventos de impactos de largo plazo en la organización histórico social) no genera derecho ni ventaja alguna sobre el momento posterior a haber atravesado el momento dramático de la crisis. (suelo decir que la ale­gría o celebración por haber atravesado el puente que permitió llegar al otro lado) nada dice de los siguientes eventos, casi siempre titánicos, que han de sobrevenir en lo inme­diato. 

Lo hemos señalado en otras oportunidades, la resolución de la crisis, ahora sí, en rela­ción a las Empresas, es la disponibilidad de capital, aunque este adopte la forma de una moderna capacidad productiva, es decir competitiva y de alta productividad o que el em­presario tenga el capital en forma de “liquidez inmediata” no para “reconstruir” (como dice la propaganda oficial que parece desconocer la enseñanza bíblica deponer vino nuevo en odres viejos) ni siquiera reestructurar, sino para fundar -si algo de lo que se tiene sirve, bienvenido- un nuevo orden productivo basado en la productividad total de los fac­tores de producción que dan fundamento a la competitividad sustentable de la empresa. 

Obviamente las Pequeñas y Medianas Empresas tienen por delante un enorme desafío que se constituye en una seria amenaza a su existencia. Duele decirlo pero hasta acá los procesos inflacionarios, el elevado nivel de la tarifa aduanera extrazona  MERCOSUR, diversas formas de proteccionismo y la celebración de un “vivir con lo nuestro” forjaron debilidades en el desarrollo industrial que enmascararon ineficiencias y en algunos casos cierta desidia en relación con la inversión permanente que demandan los procesos industriales no sólo en máquinas y equipos, sino en materias primas, ciclo de vida de productos, utilización de la energía, capacitación y entrenamiento del perso­nal, etc. 

Dijo y reitero, en algunos casos, porque SI existen empresarios que comprendieron y comprenden la dinámica del desarrollo industrial. 

Ellos sí, atrapados en un sistema tributario que es lo más parecido a una rapiña estatal en cualquiera de los niveles que se analice ven limites difíciles de compensar con inver­sión. No hay productividad total de los factores que pueda compensar las ineficiencias y mala administración de gobiernos que a lo largo de muchos años sostuvieron y sostienen formas institucionales opacas, con alto grado de corrupción, plaga de picardías e incluso sórdidas formas medievales de organización en estados subnacionales. 

Muchos se escandalizarán con algunas afirmaciones, pero lo cierto que la baja capitali­zación de las Empresas y en particular las PYME -sea por la razón que se esgrima- lejos de cualquier incertidumbre, lo cierto es que, como en el “juego de la silla” a cada nota alguien queda de a pie. 

Suena la música. No hay ninguna duda. ¿quién será el próximo en quedar sin lugar en la danza de la nueva normalidad?

Colegiales, 30 de noviembre de 2020

 Lic. Carlos Guillermo Schwartzer

 

 

 

Las PYME como Vladimir y Estragón[1].

 El 09/04/2020 decíamos, 

“Se habla mucho del día después del aislamiento para las MiPyME (incluye los autoempleos) y todos en general piden "crédito", o sea aumentar deudas. NO. La solución es lo que hizo la RFA con los ciudadanos de la RDA cuando cayó el muro de Berlín. 

Les regaló, en ese momento, Deutsche Mark para que los gasten a "piaccere". Eso necesitan las MiPyME. Que les den pesos para arrancar. Simultáneamente esos pesos deben garantizar el acceso a insumos importados sin que ello implique deuda. 

Pedir más crédito para las MiPyME (incluyo el autoempleo) es ahondar el proceso de concentración, es inducir una verdadera catástrofe en el empleo. Hay que dejar ése "natural" proceso del capitalismo para cuando estén todas de pie. No se debe patear al vencido cuando está inerme 

No a más deuda, de eso tienen y las está hundiendo” 

Unos días antes (06/04/2020) escribimos: 

“El 26/7/2012 Mario Draghi dijo en Londres: «De acuerdo con nuestro mandato, el BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente». 

Muchos se preguntan cómo remontar la actividad económica. Mi respuesta es "a lo Draghi". No tenemos euro que salvar, pero la manera de resucitar éste "Lázaro" (a) "peso" es poniendo lo más rápidamente posible a funcionar la industria q requiere esos pesos a tasa cero para arrancar” 

Un artículo de El País de hoy, (2/5/2020)  señala (aunque la fecha del artículo en Internet -30/05/2020) es un fallido, pero lo sustantivo es su contenido) en un reportaje a Paolo Gentiloni, comisario de Economía de la UE: 

Paolo Gentiloni, comisario de Economía, reclamó “un plan de recuperación que sea lo suficientemente amplio, dirigido a las economías y los sectores más afectados y que se pueda implementar durante los próximos meses. Si no es ahora, ¿cuándo?”. El resumen del mensaje es: 

Europa necesita más dinero nuevo para apoyar la recuperación y menos prejuicios de ortodoxia financiera. La pandemia ha quebrado, por la vía del desplome de la economía, los argumentos más rancios sobre la deuda. Siguiendo a Gentiloni, todos los países europeos se preguntan: si no es ahora cuando hay que poner dinero fresco, ¿cuándo? 

En Argentina, mientras tanto, la pregunta es la necesidad y la pregunta es la misma, pero, no podemos deshacernos, aún en tiempos de pandemia, de nuestra esencia. 

La ineptitud, la ineficacia, la clara muestra que la burocracia publica en sus más altos niveles de decisión está como dice Néstor Scibona en La Nación (02/05/2020) “lejos de la realidad” (ver: https://www.lanacion.com.ar/economia/los-despachos-oficiales-lejos-de-la-economia-real-nid2360664)

Es, ni más ni menos, una vieja práctica cultural: “se cacarea, pero el huevo no aparece y cada vez hay menos gallinas”. 

La batalla política argentina, parece ser, está concentrada en una “caja” (ANSES) que representa más del 35% del Presupuesto Nacional y destinada a asistir a la creciente marginalidad, pobreza y exclusión no porque se intente con semejante poder financiero y económico transformar esa matriz de injusticia e inequidad sino porque es precisamente el desarrollo de ésa matriz la que aporta los votos para la supervivencia de un modelo político que, tarde o temprano, a fuerza de repetir estertores cada vez más graves finalmente colapsará. 

No hay debate, puja, ni contienda en torno a la PRODUCCIÓN, allí no se debate -para este modelo político – el poder. No es en la esfera de la PRODUCCION donde se generan las condiciones de supervivencia del populismo-neoconservador. Para proyectar su futuro requiere “cajas” que alimentan no sólo discriminación, sino que facilitan corrupción y latrocinios. 

Poco y nada pueden esperar las PYME de este modelo para el retorno al trabajo y la producción. No está en el “genotipo” del populismo-neoconservador la producción y reproducción de la vida material mediante la gestión privada. 

Subidos al “pedestal” de las “cajas” (para ellos el modo en que conciben el Estado), habrán de pretender digitar su “magnanimidad” y establecer, en su miopía quienes habrán de ser “beneficiarios” de los mendrugos. 

No hay un momento en que el “ahora” coincida con el “¿Cuándo?”. 

Las PYME nada pueden esperar. 

Lic. Carlos G Schwartzer 

Belgrano 2/05/2020



[1] Los amigos de Godot, que esperan que, tal vez, mañana, seguro llegue. (Samuel Beckett – Esperando a Godot)