26 febrero 2008

LA MAGIA ES PARA LOS MAGOS

Como señalábamos en nuestra anterior entrada, el posicionamiento de la Nación Argentina como "soberana" en materia financiera requiere una atención por demás urgente.

Poníamos la lupa sobre la cotización de los CDS (Credit Default Swap) y mencionábamos la cuestión sobre la situación respecto del denominado "riesgo país", conocido como EMBI+ del JP Morgan.

Hoy una consultora de indiscutido prestigio técnico señala que el daño, bien calculado, es peor que el normalmente calculado.

Dice Econométrica, "Si en el 2007 las nuevas emisiones de deuda pública de Argentina por u$s 6.100 millones se hubiesen realizado al mismo riesgo que paga Brasil, la Argentina podría haberse ahorrado intereses por más de u$s 200 millones anuales".

Recordamos que a comienzos del año pasado, Argentina y Brasil tenían el mismo riesgo país. A partir de entonces, sin embargo, el
riesgo argentino aumento mucho más que el riesgo Brasil y en la actualidad es tres veces mayor. (487 contra 255 puntos) y México, por su parte, se ubica en 171 unidades.

Pero, según consigna la consultora, el total de la deuda pública argentina es de u$s 137.100 millones, cuando la deuda que se incluye en el índice de riesgo país del JP Morgan es sólo u$s 8.400 millones, es decir, el 6,1% del total. (El JP Morgan sólo toma en cuenta los bonos argentinos emitidos en dólares y sujetos a la ley de los Estados Unidos).

Si se tomara como "proxy" del actual riesgo argentino, el riesgo país asociado con las nuevas emisiones de deuda realizadas en 2007 al mercado local y para Venezuela por 6.100 millones de dólares en el 2007, tal como propone Econométrica, la brecha entre el riesgo argentino y el brasileño se vuelve todavía más amplia, ya que Argentina se ubicaría en 718 puntos.

En los momentos previos a la crisis del 2001 cuando se nos consultaba sobre la cuestión señalábamos que el punto de inflexión para aquella situación, es decir, el momento donde el "default" se transformaba de posibilidad en hecho estaba en los 1000 puntos.

El recuerdo de aquellos dolorosos días no implica que estemos pregonando la repetición de los acontecimientos. Los nostálgicos y melancólicos que creen que la historia se repite sueñan con un mundo estático e invariable.

Pero sí, si algo distingue al ser humano del conjunto de los animales, no es sólo la inteligencia y su ejercicio exponencial, sino que es el único animal que enfrenta la misma dificultad de modo sistemático y que ante su incapacidad de resolver el desafío, le pone nombre y encuentra siempre responsables en otros de su misma especie que obviamente, no es el mismo.

Veamos como se expande el daño que genera la soberbia y el ejercicio sistemático de la "picardía".

Sin llegar al extremo de la ya afamada teoría del desacople, los analistas de los bancos internacionales se muestran relativamente optimistas con respecto al futuro de la deuda corporativa en la región. La Argentina no es la excepción, aunque los analistas advierten que la deuda corporativa local merece un tratamiento aislado al del resto de América latina, ya que su performance es "esclava" de la opinión que existe con respecto al soberano.

"Depende de la Presidenta (Cristina Kirchner) tomar las medidas que ayuden a impulsar los precios del sector corporativo", asegura el Deutsche en un informe. "Creemos que hay una serie de decisiones que podrían tomarse durante el año y que favorecerían la apreciación de los títulos (el acuerdo con el Club de París y aumentos de tarifas)", dice el banco, quien reconoce que hoy "los corporativos argentinos son los más baratos de América latina, a pesar de que tienen fundamentos sólidos", señala más adelante el Deutsche Bank.

A las decisiones que, según, el Deutsche Bank mejorarían el perfil financiero de las empresas argentinas, debemos agregar como básica la cuestión de la seriedad y responsabilidad en materia estadística, hoy perdida y poner en evidencia que no son sólo las "tarifas" la cuestión, sino un necesario realismo en el reconocimiento de las causas que han generado no ya presiones inflacionarias, sino la aparición de una "espiral inflacionaria" que agrega riesgo de inflamable, a la aún en recuperación, economía nacional.

Aunque no quiera reconocerse, existen vasos comunicantes entre los mercados financieros internacionales, los locales y la necesidad de las PYME de acceder a ellos para financiar su desarrollo y fortalecimiento.

No es posible pensar que en el ejercicio de la "endogamia" en materia financiera las PYME podrán acceder a un financiamiento de evolución e inversión acorde con la necesidad de mantener la competitividad internacional. La magia, en materia de financiamiento al desarrollo, no es parte de la solución pero si, creer que existe y opera, es parte del fracaso.

21 febrero 2008

TODA LA CARNE EN EL ASADOR

Con agudo sentido de la urgencia, el principal "estratega" del modelo económico que desarrolla la Administración K señala en una columna en el diario La Nación que "Una ponderable evidencia a nivel mundial enseña que no es verdad que el crecimiento sólo pueda darse de la mano de una inflación bien baja. Igual evidencia muestra que existe un umbral de inflación -según sea el caso- que, traspasado hacia arriba, sí, fastidia el crecimiento."

Y señala, también que; "Conviene saber cuál es ese umbral, sobre todo, el que nos cabe. En definitiva, el mismo alude a lo que decía Alan Greenspan: es aquel nivel a partir del cual los operadores comienzan a computar la inflación para la toma de sus decisiones económicas."

Pero los operadores que menciona el ex jefe de la Reserva Federal, no son sólo los operadores locales, y sobre todo en el caso de la Argentina que no puede eludir ni distraerse de los humores del mercado financiero mundial.

Los acreedores, que esperan cobrar en tiempo y forma, los "holdout" que presionan y persiguen por sus acreencias no renegociadas, las presiones internacionales y locales para que se resuelva la deuda con el Club de París, sin contar que la denominada "crisis sub prime" en curso, pero en línea con la que generaron las denominas "punto com" ponen en evidencia que las burbujas antes o después, explotan y que los precios de los "commodities" reflejan la existencia de una "burbuja" especulativa, más allá de las demandas incrementales de alimentos y bio combustibles que pueden tener carácter real.

¿Cuál es el indicador del "estado de ánimo" que los operadores internacionales tienen respecto de nuestra gestión?

Los indicadores que el mundo financiero utiliza para calcular qué tan riesgoso es un país siguen demostrando que Argentina, a pesar de sus números macro, juega un partido aparte. No sólo midiendo la performance del país mediante el EMBI del JP Morgan (indica la sobretasa que se paga por sobre un título norteamericano de igual duración), sino también observando los Credit Default Swaps (CDS), seguros para cubrirse de un incumplimiento de pagos), se desprende que el mercado "no le cree" a la política oficial. Argentina casi duplica a Brasil en el riesgo país (474 unidades versus 250) y quintuplica en los CDS (518 puntos contra 150).

Observando la actual cotización del CDS de Argentina a 5 años (el más líquido del mercado) se desprende que muy poco cambió con respecto al pico de la crisis "subprime" en EE.UU. (agosto del 2007). "La volatilidad es muy acotada en el caso de Argentina, no así en otros países, pero la percepción es que el mercado sigue "priceando" cuestiones que van más allá de crecer al 8% anual y por eso se mantiene en niveles elevados.

Hoy, en niveles de 520 puntos, implica que el inversor debe pagar una tasa de 5,2% para obtener un seguro contra un eventual incumplimiento y ese valor no es neutro para abordar una de las debilidades estratégicas del actual modelo económico: la inversión.

La Argentina tiene uno de los CDS más caros del mercado y cualquier financiación internacional que pretenda obtener por fuera de los actores financieros del mercado (salvo los que se originen en las Instituciones Financieras Multilaterales, como el BID, la Corporación Andina de Fomento o el Banco Mundial) debe partir de éste piso, lo que hace inviable cualquier proyecto que requiera de éstos fondos.

En el mismo sentido, el ya conocido "Riesgo País" se encuentra en los 480 puntos. A fines de Enero de 2007 el EMBI+ se situaba en los 183 puntos.

Es válido preguntarse que pasó.

A los argentinos nos cuesta explicar estas cuestiones que tienen que ver con la percepción que las finanzas internacionales tienen de nuestra, podríamos decir, "honorabilidad" en materia de cumplimiento de las obligaciones y responsabilidades.

A favor de ésta "rebeldía" frente a los acreedores extranjeros, podríamos decir que mucha de la deuda reclamada debió ser oportunamente repudiada por tener, para la democracia, un fundamento espurio. Pero lo que no se denunció oportunamente no puede ser ahora motivo de reclamo. Nuestras debilidades institucionales en materia de relación financiera con el exterior han mostrado siempre poca transparencia y nunca esta muy claro para la sociedad el destino de los fondos.

La realidad es que nuestros acreedores, "reestructurados" o no (holdout) estiman que las debilidades institucionales argentinas continúan y que seguimos siendo sujetos de las mayores desconfianzas.

Ahora bien, si la Agenda Empresaria tiene como prioridad fundamental la necesidad de obtener un adecuado financiamiento (en plazos y costos) para ampliar, modernizar y profundizar el desarrollo productivo, ésta realidad es una restricción que debe ser atendida de modo prioritario.

La oferta de instrumentos que la política pública debe poner a disposición de las PYME para la promoción de inversiones, en particular los de naturaleza financiera, no siempre son suficientes o no responden a la dinámica empresaria.

De allí que muchos proyectos de las PYME, por su naturaleza, deben recurrir a la financiación de la banca privada.

Más allá de las consideraciones y críticas al funcionamiento de la banca privada en la Argentina, lo cierto es que los sobrecostos derivados de la baja credibilidad que los operadores internacionales del mercado financiero internacional tienen sobre la Argentina resulta ser una restricción importante para la obtención de líneas de financiamiento acordes con el objetivo buscado: la inversión.

En general los argumentos que se exhiben para justificar el nivel de la sobre tasa de los CDS se refieren a las paradojas, contradicciones y debilidades estructurales de base institucional y cuya resolución depende de la voluntad y decisión política del Poder Ejecutivo.

Tal vez el caso emblemático sea el del INDEC.

El Indice de Precios "oficial" le genera al Tesoro Nacional ahorros importantes en el pago de las acreencias que tienen como base ese índice y que son una porción importante de la renegociación. Lo que uno debe preguntarse, quién paga esas picardías estadísticas.

Hasta acá, las sobretasas que se reflejan en los Credit Default Swaps o en el EMBI+ (Riesgo País) parecen indicar que el costo ésta mesurado y que se traslada inexorablemente al conjunto de la sociedad, sea por la vía de financiaciones o más caras o inexistentes.

Adicionalmente, ésas "picardías" generan retrasos en el desarrollo estructural del aparato productivo nacional que comienza a mostrar retrasos tecnológicos, fatiga y pérdida de competitividad, que se refleja en las presiones inflacionarias, acotadas por ahora con el incremento de las importaciones que sustituyen la producción nacional o el desabastecimiento de algunos productos esenciales en las góndolas de las principales cadenas comerciales.

Simultáneamente, el las dudas comienzan a superar los silencios diplomáticos y entre desmentidas y declaraciones que "mienten y desmienten", una nueva realidad se va configurando: Argentina, pese a los esfuerzos de sus ciudadanos, no logra recuperar la credibilidad, la confianza y la respetabilidad de quienes podrían aportar recursos a una etapa de consolidación del desarrollo.

Mientras estas cuestiones no sean abordadas y resueltas, la Agenda PYME seguirá apuntando a la financiación de su desarrollo como una cuestión pendiente que no sólo la afectara en lo estrictamente coyuntural (pérdida de algunos negocios, no sustentabilidad de la rentabilidad, etc.) sino que se instalará definitivamente en su estructura.

Si hay carne, "¿no habrá llegado la hora de ponerla toda en el asador?"


O, en castigo por nuestras anomalías, ¿estamos condenados a ser vegetarianos?

21 de febrero de 2008

Lic. Carlos Guillermo Schwartzer

31 diciembre 2007

APORTES PARA UNA AGENDA PYMI

El desarrollo de una Agenda para las Pequeñas y Medianas Industrias enfrenta en general, pero en la Argentina en particular, algunas cuestiones previas.

A los problemas básicos de temporalidad, deben computársele cuestiones ligadas al estado de desarrollo de la problemática: si se esta en etapa diagnostica o si ya se ha diagnosticado “tanto” que ha llegado el momento de la acción.

Dos cuestiones de singular trascendencia.

La primera tiene que ver con lo que denominamos el grado de internalización de la problemática industrial, no ya en los niveles de decisión gubernamentales, sino en los propios empresarios y en particular en las PYMI. Esta cuestión es central en tanto tiene directa relación con dos momentos estratégicos: la definición de los criterios de identificación y selección de los problemas y posteriormente en su gestión.

Debemos, entonces, considerar al menos 2 tipos de problemas:

· los que se manifiestan como “internalizados” y sobre los que aparece una demanda específica que podríamos situar en el rango temporal del corto plazo y la acción inmediata y
· los que, por cuestiones que de de modo genérico denominaremos “estructurales del desarrollo empresario argentino” no están internalizados al grado de considerarse un tema de la Agenda o bien, la percepción de la dinámica capitalista no logra considerar a éstos como cuestiones de Agenda.

El segundo, y último aspecto previo
[1], esta ligado a una definición estratégica; la visión y la misión no ya como empresas en sí mismas, sino como sector social, político y económico responsable.

Es altamente probable que muchas empresas, en línea con el desarrollo de sus compromisos con un sistema de calidad hayan escrito y enmarcado esas dos cuestiones y es hasta probable que las tengan presentes en el desarrollo de la vida cotidiana de sus empresas.

Sin embargo, en la cultura empresaria argentina, y particularmente en las PYME, prima el individualismo sobre el espíritu asociativo y muchas veces la visión queda recortada en el estrecho espacio de la propia empresa y no se logra desarrollar un compromiso estable con la misión que como empresario DEBE necesariamente desempeñar dentro de la sociedad, ni siquiera se verifica ese compromiso en los aspectos más relevantes de la problemática sectorial.

Podríamos señalar que pese a reclamar de modo permanente por “la competitividad”, poco y nada hacen por ella y, más aún, reducen sus esfuerzos a mejoras en sus propios procesos productivos, lo que es necesario pero no suficiente.

No se llega a comprender, o no se asume un compromiso estable, la importancia estratégica del tramo “institucional” de esa competitividad también conocida como “competitividad externa”. Se expresa tal vez así un rasgo de la debilidad institucional argentina: se delega sin control, sin participación y sin compromiso y se esperan resultados, que nunca satisfacen el imaginario o la necesidad, y que retroalimentan la desconfianza, la indiferencia y la atonía.

En lo específicamente productivo, la falta de participación y compromiso tiene consecuencias que se miden del modo más inmediato y específico: la falta de respuestas a las urgencias van generando, de modo tal vez imperceptible en el día a día, un deslizamiento sistemático hacia la marginalidad de muchas PYMI en tanto las nuevas obligaciones y desafíos las dejan fuera de juego y se prestan al movimiento de la concentración y centralización del capital indefensas, en la creencia que la aceptación sumisa de las condiciones de la dinámica capitalista les dará una carta de inmunidad y salvaguarda.

El rasgo que describimos hace que, las expresiones institucionales de las problemáticas productivas pierdan credibilidad y tengan como destino el olvido y la indiferencia de quienes deben –conforme los juramentos y responsabilidades asumidas- aportar a la solución, apurados, como suelen estar quienes tienen como único objetivo “lucir” un cargo y no ejercer una representación o un servicio público a la comunidad.

La PYMI ha sido factor fundamental de la recuperación económica nacional desde el mismo momento en que los peores fantasmas se agitaron sobre la Nación. Sin embargo, la PYMI hoy es ignorada y sus reclamos, aún los más moderados, son vistos como una demanda injustificada bajo el argumento de que la devaluación y el tipo de cambio alto generaron “per se” condiciones de competitividad internacional y protección a la industria nacional.

Pero, fundamentalmente, el fortalecimiento de las PYME, es un reaseguro de la vida democrática.

Cuando se las desatiende, se las margina y se las empuja a un camino de dificultades, el resultado no es sólo un conjunto mayor de penurias empresarias, sino un debilitamiento de la dinámica democrática en tanto y en cuanto son las PYME el reaseguro político frente a los oligopolios y formas más concentradas del poder político y económico que pujan por sus intereses de modo independiente de las consecuencias para el conjunto de la Comunidad.

Cuando desde los niveles más altos de las instituciones públicas se “elige” que el diálogo con el sector empresario tendrá como contraparte única a la Institución que ha representado y representa a los sectores más concentrados de la Industria o se anuncia que la política productiva habrá de discutirse con las “cadenas de valor” y se convoca a los sectores que dominan y concentran esas “cadenas”, exigiéndole a la PYME sumisión absoluta, las señales en materia productiva y de fortalecimiento democrático no pueden ser más que dudosas retroalimentando los peores individualismos.

Con estas cuestiones previas declaradas, pasemos a la problemática.

LA CUESTION URGENTE: LA INVERSION

Los estudios que señalan el comportamiento de la variable INVERSION –al fin de cuentas el componente estratégico de la acumulación de capital- se refieren de modo homogéneo a la Inversión Bruta.

El último Informe conocido detalla que la evolución de la Inversión Bruta Interna Fija (IBIF) y destaca un importante crecimiento de la inversión en Equipo Durable de Producción respecto del año anterior (+22,7%).

Como dato, dicha información no es incompleta.

Los industriales sabemos que la “cuota para el consumo del capital” denominada “AMORTIZACIONES” resulta un elemento indispensable que marca un nivel mínimo de re inversión, sin que, ése mínimo garantice la posibilidad de supervivencia de la industria.

Esto es así porque los montos de las amortizaciones reflejan el consumo cotidiano de un stock de capital fijo que necesariamente, con el correr del tiempo, pierde competitividad y debe ser reemplazado, si al menos se pretende mantener el nivel, por equipos que en general incorporan nuevas tecnología y obligan al replanteo general de los procesos productivos.

Es así, entonces que, la INVERSION BRUTA sólo refleja una cuestión general que debe ser ajustada y transformada en INVERSION NETA (es decir detraídas las AMORTIZACIONES) para tener relevancia.

Más aún, el Informe reconoce que “a pesar de los buenos guarismos que presenta la evolución de la inversión, no son suficientes para sostener los actuales niveles de expansión económica. Como es sabido, con un cociente IBIF/PBI del 23%, no es sostenible una tasa de crecimiento del 9% del PBI sin que conlleve efectos negativos sobre otras variables (precios, balanza comercial, tipo de cambio nominal y real, etc.).

Mucho más delicada es la situación cuando esa tasa del 22,7% que se señala, y que de por sí es considerable, debe ser ajustada por las amortizaciones (es decir “neteada”)

En las lista de las debilidades que alimentan las dudas situamos:

· La retracción de la inversión extranjera directa y consecuentemente el incremento del giro de utilidades al exterior y su no reinversion,
· la falta de consistencia entre la tasa de de inversión y el PBI,
· la todavía alta participación de la construcción en el “quantum” de la inversión,
· la falta de adecuado financiamiento bancario (en tasas y plazos),
· la inelasticidad del autofinanciamiento, los estiramientos de los plazos de cobro y consecuentemente,
· la imposibilidad de desarrollar ajuste por inflación (en un momento donde la inflación mensual ronda ya de modo estructural el 1% mensual),
· el desarrollo -basado en interpretaciones judiciales de dudosa legitimidad – de un sistema tributario municipal,

entre otras, ponen de manifiesto que la base productiva se está envejeciendo por la falta de decisiones políticas en materia productiva que resultan ya un dato evidente que afecta las decisiones de inversión.

Estas AUSENCIAS DE LAS POLÍTICAS ACTIVAS GUBERNAMENTALES EN MATERIA PRODUCTIVA, es reforzada por la política monetaria que lleva adelante el Banco Central
[2] y que finalmente, como ya ha pasado en otras oportunidades, será responsable –junto a otros sectores con capacidad de decisión política- de nuevas frustraciones en materia de desarrollo productivo.

La crisis financiera internacional que en la actualidad sólo parecen acotarse al sistema financiero de los países centrales no será neutra para la economía nacional en los próximos meses y habrá de reforzar la baja tonicidad de la inversión reproductiva

LOS TEMAS DE CORTO PLAZO

Las Debilidades, Fortalezas, y Oportunidades –que complementan habitualmente los diagnósticos - son específicas de cada PYMI y su atención hacen al éxito o fracaso de la gestión empresaria, razón por la cual no son abordadas de modo específico.

Sin embargo, las amenazas que hemos de detallar implican restricciones fundamentales a las oportunidades, acrecientan las debilidades y ponen restricciones importantes a las fortalezas que las Pequeñas y Medianas Industrias.

Así, en la percepción empresaria de las Pequeñas y Medianas Industrias las siguientes situaciones están reflejando la existencia de amenazas:

1. Aumento de los costos de producción
2. Alta participación de los impuestos en el costo final.
3. Disminución de la rentabilidad operativa de la Empresa
4. Desplazamiento de la producción nacional por la importada
5. Falta de instrumentos de financiación adecuados (costos y plazos) y dificultades de acceso a los existentes.
6. Dificultades y costos crecientes en materia de regulaciones laborales y medio ambientales
7. Dificultades para acceder a fronteras tecnológicas de última generación
8. Mercado interno debilitado por alta presión tributaria sobre consumidores y con riesgos de fragmentación

NOTA.: POR RAZONES DE ESPACIO NO INCLUIMOS LA AGENDA EXTENDIDA (TEMATICA) LA QUE NOS PUEDE SER SOLICITADA

[1] Si bien existen un conjunto de cuestiones que surgen al momento de la reflexión y que van desde el modo en que se produjo la denominada “acumulación originaria” en el sector PYMI hasta las metodologías de reproducción de la base económica y social del sector, no es éste el ámbito y momento para detallarlas, sólo incluimos ésta referencia para denotar que estamos convencidos de la existencia de un campo de estudio de la realidad económica aún no transitado.
[2] La permanente “esterilización” de recursos monetarios sobre cuyo significado ya nos hemos referido en éste “blog” pone en evidencia que el alineamiento no es con la producción sino con la peor versión del sector financiero.

26 diciembre 2007


UNA PAREJA MALAVENIDA: PROMOCION DE INVERSIONES Y LOGICA DE LA CAJA

La información periodística da cuenta hoy de la pérdida de vigencia de uno de los Regímenes de Promoción de Inversiones que afanosamente diseñan e instrumentan los arquitectos de la política pública y que, como común denominador, muestran escasos resultados y pocos y pobres efectos en relación al resultado pretendido.

El diseño del régimen de la Ley 25.924 no fue distinto, aunque tuvo un detalle destacable. Por la intervención y propuesta de un legislador, se le impuso al Régimen un capítulo específico destinado a las PYME. La razón de ésta novedad se sustentaba en que el régimen era por concurso en base a un cupo y a efectos de evitar una posible competencia desleal entre proyectos, en función del tamaño, se generaba un tramo exclusivo.

La idea
[1], novedosa, que ponía en evidencia la debilidad de las PYME para acceder a los instrumentos de política pública cuando éstos son puestos en vigencia bajo el supuesto de que la “universalidad” debe ser el rasgo central de la política pública en materia de desarrollo productivo, no tuvo el efecto esperado.

Vale preguntarse, sí, en el tramo en que debían presentarse las grandes empresas, el resultado fue el esperado para determinar si el no uso del régimen era una cuestión estrictamente PYME. La respuesta es NO. Tampoco en éste tramo la respuesta fue alentadora.

Queda en evidencia un rasgo característico de la política pública en materia de desarrollo productivo.

Las políticas se diseñan pensando en la “caja presente”, es decir en el impacto que sobre la recaudación de hoy tienen los instrumentos que se pretenden utilizar. Como suele suceder, y de modo obvio, cualquiera sea la política productiva que se desee fomentar, apoyar o desarrollar, NUNCA el impacto es en tiempo presente, nunca los incentivos que se ofrecen responden al deseo de inmediatez y mucho menos son, en el cortísimo plazo del año fiscal en el que se ponen en marcha, a costo “cero” para la “caja pública”.

La promoción de inversiones es una decisión estratégica de la política pública si ésta se plantea mejorar la sustentabilidad y consistencia de la gestión, incluida la financiera. Es más que obvio que en el presente el resultado será un “flujo de fondos negativo”, pero acompañar la inversión implica una mirada, un compromiso en términos de “proyecto” que también “valúa” el porvenir y presume que ejecutado el proyecto, el futuro será mejor. Esa posibilidad no existe en la “lógica de la caja”

Obviamente, la cuestión es sumamente delicada luego del “default” público que exige hoy un orden fiscal estricto y una conducta intachable en materia de cumplimiento de los vencimientos prometidos como resultado de la renegociación con los acreedores que aceptaron la propuesta realizada por éste Gobierno
[2]. Sin embargo, la expansión del gasto público, el origen de los fondos con que se financia esa expansión y las metodologías para acotar el impacto que la inflación tiene sobre el repago de parte de los nuevos bonos emitidos para refinanciar los pasivos[3], sumados a los posicionamientos públicos en materia de orientación del gasto agregan dudas al sector productivo sobre una disciplina fiscal que por lo menos resulta de cumplimiento aleatorio (aunque podamos describir la lógica estricta de las decisiones que se toman).

Pero no le achaquemos a ésta Administración los errores de diseño de políticas productivas, en éste aspecto no es original. Si algo requieren en su diseño las políticas productivas es pensamiento estratégico, Es decir, demandan una visión, compartida con la sociedad, sobre cual es el rol de la producción en su desarrollo.

En nuestra opinión, en los últimos 50 años
[4] no hubo debate alguno sobre esa visión y cada Gobierno, independientemente de su origen y legitimidad, aportó su sesgo cortoplacista con lógica de “caja” poniendo todo el énfasis posible en ignorar a la producción como base social fundamental de una Nación.

Obviamente, los resultados no podían ser otros que la crisis económica, política y social, cuyo tramo final comenzó a recorrerse a mediados de 1998 y concluyó –aunque sus consecuencias hoy están presentes de modo muy activo – en los dolorosas consecuencias de conciudadanos muertos por los aparatos estatales sin control y una puesta en escena de las pura y dura miseria y marginalidad del 50% de los ciudadanos.

Ya lo hemos señalado en otras publicaciones en éste “blog”, las políticas productivas que se implementan
[5], tienen como fundamento un visión sobre las relaciones sociales, sean éstas expresadas en el propio ámbito productivo, como en el campo de la cultura, la política, la investigación, etc., tanto actuales como deseadas. Cuando ese diseño e implementación se desarrollan bajo la “lógica de la caja” los resultados no pueden ser otros que la ineficacia e ineficiencia de las mismas que le sirven a los “funcionarios diseñadores” como argumento para justificar el paso siguiente: no hacer nada.

Entonces, no es que el Gobierno “Muy sigilosamente y elecciones presidenciales mediante, dejó caer el Régimen de Promoción de Inversiones mediante el cual las empresas podían acceder a beneficios impositivos, si se comprometían a invertir en la compra de bienes de capital y/o encarar proyectos de infraestructura.” Como señala hoy el copete de la noticia.

Tampoco es novedosa, como señala la publicación que la política que el “flamante gobierno
[6] de Cristina Kirchner busque asegurarse un importante colchón de recursos para el año próximo y no incurrir en mayores costos. Reforzar el superávit fiscal es una de las prioridades de la mandataria, ya que la caja se ha visto fuertemente debilitada en el último año. Es por ello que en tanto no represente un alto costo político, el Gobierno retrasará la prórroga de los beneficios el mayor tiempo posible. Durante los tres años que duraron los incentivos a la inversión, el cupo anual del régimen alcanzó los $ 1.200 millones, de los cuales $ 200 millones eran exclusivos para las Pymes. Sin embargo, sólo hicieron uso del beneficio algunas grandes empresas y por un monto bastante menor al establecido por el Gobierno.”

Lo que tampoco será novedoso, es el futuro.

De no diseñarse una política productiva permita el desarrollo y fortalecimiento de la Industria Nacional y en particular de las PYME, la sociedad deberá afrontar inexorablemente más de lo mismo: crisis recurrente, ajustes fiscales y consecuentemente nuevas y mayores frustraciones.

Esa política productiva debe incluir una Régimen de Promoción de Inversiones que seguramente habrá de contener instrumentos fiscales, pero que también debe contener políticas de financiamiento, seguridad jurídica, racionalidad en las relaciones intra-productivas ( no sólo en lo que se refiere a las relaciones Empresas-Sindicatos sino que también en las que se refieren a las de Grandes Empresas con las Pequeñas y Medianas, entre otras de las que no están ausentes el Estado en sus diversas jurisdicciones), medidas de resguardo y control de los impactos ambientales, entre otras.

En el mismo diario que motiva el comentario, un importante economista
[7] describe la agenda de los que nos falta para mejorar el perfil exportador, sin embargo, entre lo que falta no incluye la cuestión fundamental.

Lo que nos falta, no sólo para ser buenos exportadores, sino para constituir un mercado nacional
[8] vigoroso y que permita cumplir con el precepto constitucional de bienestar general es VISION.

Cuando ésta es reemplazada por indicadores de un bienestar efímero y que sólo representa a una minoría, el presente no se proyecta cómo consistente ni sustentable y lejos de alinearse en el cambio augura una simple repetición de antiguos y viejos fracasos.


[1] Desarrollada por el Diputado Carlos “Tato” Brown Presidente en ése momento de la Comisión de Industria de la H. Cámara de Diputados de la Nación
[2] Consideramos que el Gobierno es una continuidad, sin cesuras, del que renegoció la deuda más allá de los cambios de nombres o funciones. El “grupo estratégico de conducción del Estado” no ha modificado su composición.
[3] La manipulación estadística que se ha instalado en la Argentina, y en particular en los índices de precios que ajustan ciertas obligaciones financieras públicas a lo que se ha sumado ahora los indicadores socio-económicos reflejan una política de simulación que permite “ahorrar” espuriamente algunos millones de dólares hoy, pero cuyo costo en el mediano y largo plazo será multiplicado con creces en tanto acrecienta dudas sobre la lealtad del deudor, sobre todo porque ya esta puesto en duda el valor del indicador de referencia para otra serie de títulos basados en la variación del PBI.
[4] Se podrá estar o no de acuerdo con las decisiones tomadas y las políticas implementadas, pero no podrá negarse que fue en durante el período del Presidente Frondizi donde estuvo presente por última vez éste debate. Quienes, legítimamente o no, lo sucedieron no desarrollaron nunca una propuesta que tuviera como fundamento, la imaginación, creatividad y audacia de aquellas como así también su viabilidad y factibilidad. Pese a tener muy pocos años en aquellos tiempos, la investigación histórica, por más exhaustiva que sea no arroja resultados que contradigan esa realidad.
[5] Cuando se ignora ésta necesidad estratégica de la política pública y se resuelve “no hacer” la cuestión es mucho más grave y requiere un análisis que excede éste comentario.
[6] Ver Nota 1
[7] La publicación es El Cronista – 26/12/2007 y el economista es Gabriel Sánchez Presidente del IERAL-Fundación Mediterránea.
[8] El mercado nacional refleja no sólo las relaciones económicas que se desarrollan al interior de una economía sino que también incluyen a las que se desarrollan con el resto del mundo. Es por ello que el mercado interno se constituye en el fundamento estratégico del mercado nacional. De no ser así, nos referimos a una economía que esta pensada más como una factoría exportadora que como ámbito del desarrollo social, político y cultural de una comunidad.

23 diciembre 2007

LA PRODUCCION CONSTRUYE LA NACION

Como señalábamos en nuestra anterior publicación, el consumo se ha convertido en el “leiv motiv” de la política económica y su movimientos presentes y futuros son motivo de estudios, proyecciones de todo tipo en el gradiente de la seriedad, y a nadie le im­porta la composición de ese consumo, ni siquiera importa la estructura de ese con­sumo, ni tampoco hay tiempo para evaluar la composición del mismo. Lo que importa es consumir, todo lo que se pueda, ahora.

Esa premura que como señalamos ignora el orden de la lógica capitalista, también ig­nora el impacto que ese consumo acrítico tiene sobre el mercado nacional, enten­diendo por éste no sólo como una categoría económica, sino fundamentalmente como una institución histórica, en la que las actividades productivas contribuyen a la cons­trucción de elementos nacionales de unidad cultural y política.

La producción es inmediatamente consumo y éste, sólo se sustenta si, también de modo inmediato se transforma y da impulso a la producción. Uno construye, el otro destruye. Pero el orden lógico es imprescindible.

Primero se debe producir, es decir, dar forma concreta, objetiva no sólo a los valores económicos, sino que también al cúmulo de relaciones sociales que emergen como resultados de la acción productiva y que conforman, como señalamos, la unidad histó­rica de una Nación, cuyos aspectos culturales, políticos, tecnológicos son partes que coagulan en los objetos producidos.

Ignorar éstas cuestiones y sostener que la resolución de la crisis más profunda de la historia argentina tiene como indicador de su resolución los exorbitantes y arbitrarios crecimientos que se verifican en el consumo de determinados, y minoritarios, sectores sociales, es cuanto menos una falacia.

Con casi el 50% de los trabajadores en “negro”, es decir con sus derechos básicos ne­gados, con más de 5 millones de conciudadanos en la más absoluta marginalidad, con millones de jóvenes sin futuro y en una peligrosa situación de riesgo, ¿quién puede admitir que las cifras de crecimiento del consumo significan un verdadero indicador del fin de las penurias?

Adicionalmente, cuando observamos que el consumo sólo se sustenta, entre quienes están en mejores condiciones, es decir que disponen de un empelo formal, en más en­deudamiento, a tasas y condiciones que escapan a cualquier medida lógica de rentabi­lidad bancaria, volvemos a señalar la falacia de esos argumentos.

Simultáneamente, si el consumo es indiferente al origen, es decir, si la producción que se destruye en el consumo implica una verdadera “exportación” de señales a otros sis­temas productivos para reponer lo destruido en lugar de promoverlo en el propio, el re­sultado es, podríamos decir, obvio.

Como señalamos, la producción es no sólo producción de objetos, de bienes y servi­cios. La producción es el momento social donde las relaciones sociales cobran intensi­dad, sentido y dirección. Cuando ésta no recibe señales claras la desarticulación y desorganización social son las consecuencias. En sustitución, cuando se alienta el mero consumo acrítico, como ya señalamos en nuestra publicación anterior, se alienta el individualismo, el hedonismo, el “sálvese quién pueda y como pueda”.

Por eso, cuando desde los espacios culturales, desde la ciencia, desde la producción de valores y símbolos que hacen a la construcción de la Nación se denuncia la falta de políticas, la indiferencia y el abandono de esos espacios y ámbitos de creación de sig­nificados, señalamos que no es casualidad, sino la inmediata consecuencia de no pre­star adecuada atención a la producción como momento fundacional y estructurador no sólo de más y mejores empleos, de más y mejores bienes y servicios, sino de la es­tructura fundamental de una Nación.

Sin “mercado nacional”, del cual el mercado interno es parte estratégica y fundamental, el consumo sólo se resuelve a favor de las minorías y la estructura económica vira hacia convertirse en una mera “factoría exportadora” de bienes primarios o de escaso valor agregado que genera empleo mayoritariamente de baja calidad y que dispone de un sector servicios que recuerda las viejas definiciones cepalianas de los ’60 sobre el sector: escasa productividad, marginalidad, y pobreza estructural. La industria asociada a estos modelos se desarrolla extensivamente y no accede a los desarrollos ni innovaciones tecnológicas, ni tampoco participa en la introducción de nuevos materiales y diseños y carece de capacidad de poner en el mercado una oferta renovada de bienes y servicios que beneficien a todos los ciudadanos. En ésta línea, su crecimiento, no desarrollo, es absolutamente vegetativo.

Se podrá señalar que los valores de la producción son record histórico, que nunca an­tes se habían alcanzado tales niveles y que señalar el olvido de la política pública por la producción es un absurdo.

La cuestión de la “política productiva” que reclaman tener los diseñadores y gestores de las políticas económicas en curso sólo atienden un mínimo y ya circunstancial pro­blema: el tipo de cambio nominal. La producción es “algo mas” y comienza por pensar productivamente, es decir, incorporar al diseño de la política los múltiples y complejos aspectos involucrados en la organización social de la producción que, como tal, excede ampliamente los aspectos empresariales aunque los contenga y les de adecuada im­portancia y prioridad.

Los problemas y complejidades de la producción no se resuelven sentando a la mesa a los representantes de grandes empresas, en una economía cuyo rasgo post crisis, es la desnacionalización y concentración. Tampoco se avanza poniendo el énfasis en las denominadas “cadenas de valor”, porque éstas dependen, nuevamente, de las decisio­nes del capital más concentrado de la Argentina y que, en el desarrollo de las mismas genera un nivel de dependencia tecnológica, productiva y financiera que quienes parti­cipan, más allá de sus logros eventuales, son sujetos de “esclavitud productiva”[1] que obligan a abandonar el aspecto más importante de la visión empresarial: la creatividad; para adaptarse a modelos y tecnologías que lejos están de responder a la sustentabili­dad y consistencia indispensable de un modelo de desarrollo de la Industria Nacional.

Sin la participación activa de las PYMI, sustento estratégico del desarrollo nacional, sin una autentica participación de los trabajadores – limitados a las luchas palaciegas por el poder -, sin la consulta y el diálogo imprescindible con el sistema educativo y con el sistema científico tecnológico, la promoción de acuerdos donde supuestamente se ex­presa la política productiva repone fracasos más que estrategias viables y factibles de desarrollo nacional.

Se pone en boca del Dr. Carlos Pellegrini la frase[2] “Sin Industria no hay Nación”, en el supuesto de que la expresión sea verosímil, podríamos parafrasearlo diciendo que Sin Producción no hay Nación y eso incluye la existencia de una Industria Nacional mo­derna, eficiente y sustentable y de una sociedad que simultáneamente encuentre los espacios y las motivaciones para producir un desarrollo social que de fortaleza a la Nación Argentina.

Quilmes, Adviento del 2007
[1] La cantidad de casos en que las empresas, particularmente PYMI, fueron descartadas y las criticas consecuencias que debieron soportar cuando fueron desafectadas merecerían un análisis específico que pondría en evidencia el error que supone promover éste tipo de desarrollo productivo
[2] No existen registros fiables de que la frase haya sido expresada de modo fehaciente, aunque si señaló Pellegrini que “sin industria seriamos meros exportadores de pasto”

12 diciembre 2007


SIN PRODUCCION NO HAY CONSUMO

12 de diciembre de 2007


Uno de los pilares de la recuperación de la economía nacional en la post-crisis[1] es la expansión del consumo. Esa expansión del consumo se constituyó en la columna ideológica que construyó y construye un sistema de poder.

Como propuesta de organización social, el consumo es cortoplacista, la mentada defensa de la industria y el trabajo nacional le es indiferente, no importa el origen, mientras satisfaga la necesidad, sea ésta básica, primaria o que sólo pretenda incrementar el hedonismo de los consumidores de más altos ingresos y se expanda a las tasas previstas.

La estrategia del consumo es una apelación al individualismo, en tanto la satisfacción es una instancia estrictamente individual y en consecuencia no instala ni contribuye en modo alguno a fortalecer y proyectar vínculos sociales consistentes y sustentables.

Como estrategia política, la apelación hedonista que se instala margina a las estrategias de acumulación, en tanto éstas proponen una planificación y direccionamiento de los recursos como así también exigen que el concepto de ahorro –sea público o privado – se encarne en la comunidad dando pié a una visión de futuro posible, sustentable y consistente.

Más aún, el consumo requiere de modo estratégico una fuerte y bien diferenciada segmentación social con el fin de alcanzar eficiencia con sus estrategias de mercado. La denominada “soberanía del consumidor” difundida por el Sr Samuelson es un absurdo y ha servido de argumento tanto a los acólitos de los dictadores, como Martinez de Hoz, como a funcionarios de gobiernos democráticos para trasladar la responsabilidad del fracaso de las políticas económicas hacia el consumidor, adjudicándole la irresponsabilidad de comprar en su barrio lo que necesita y puede en lugar de desarrollar un itinerario cuasi-turístico en busca del “precio más barato”.
[2]

Un ejemplo de cómo el modelo de poder que se desarrolla en la Argentina contribuye a tal lógica es el diseño permanente de “canastas temáticas” cuando se acercan momentos específicos (Pascuas, Navidad, comienzo de clases, etc.) con productos y precios orientados a los sectores pobres o menos favorecidos de la sociedad.

Podríamos decir que el mentado “derecho a la inclusión social” se verifica en el diseño de éstas canastas y no en la aplicación de la creatividad y la inteligencia para desarrollar políticas estructurales que superen otro rasgo de éste sistema de poder: la picardía.

El consumo, por sí mismo, no es un generador de empleo decente.

Basta observar que la mayor creación de empleo en el sector servicios está ligada a los empleos temporarios, sean a través de agencias o de contratos de pasantías o contratos a plazo y simultáneamente es el sector que menos dificultades presenta a la hora de contratar
[3] y es el sector donde la informalidad laboral muestra los índices más altos, compartiéndolos con el sector de la Hotelería y el Turismo y la Construcción.

Lo señalado no tiene por objeto producir antinomia alguna. La dinámica capitalista se expresa en una lógica que incluye al consumo como etapa fundamental
[4] y lo hace parte sustantiva indivisible de la acumulación de capital. No obstante, la producción posee prevalencia lógica en el despliegue de esa dinámica.

Las políticas económicas que no comprenden la prevalencia de la producción, ponen en evidencia su desinterés por un Desarrollo Nacional compatible con el bienestar de TODOS los ciudadanos. Son cortoplacistas, poco sustentables y carecen de consistencia. Basta sólo preguntarse cuál es el limite de endeudamiento de las familias que anima hoy esta explosión consumista en un contexto de tasas de interés en alza, presiones inflacionarias y seguro rezago de los salarios.

Simultáneamente los costos financieros que se pagan para financiar ésta carrera son de tal magnitud que resultan escandalosos, tanto por su significado en términos de transferencia de ingresos hacia el sector financiero como por el deforme desarrollo de la estructura que desarrolla el sector que lejos de sumarse al financiamiento de la producción prefieren el corto plazo, las tasas usurarias y la transferencia de riesgo, vía la organización de fideicomisos financieros, a lo que se le suman las ventajas en materia impositiva de tales emisiones.

La dinámica del desarrollo esta fundada, pese a las transformaciones en materia de organización de la producción, en el sector industrial y aún hoy, pese al auge de los servicios –desarrollo que sigue siendo dual-, el grado de desarrollo de una sociedad se sigue ponderando por la complejidad y extensión y profundidad de su industria.

La manifestación de esa comprensión no es discursiva. Es activa.

Se expresa en el diseño de estrategias de desarrollo industrial de carácter sectorial y territorial, que incluyan de modo prioritario a la Pequeña y Mediana Empresa tanto de alcance general, generadoras de los pre requisitos y fundamentos, como en políticas orientadas a fortalecer y desarrollar aspectos o problemáticas específicas de tal o cual sector.

La importancia del “foco PYME” de la política pública esta relacionado no sólo con la obvia importancia económica y productiva sino con el rol estratégico que desempeñan en la sustentabilidad de la democracia al actuar como contra fuerza a las pulsiones de concentración y centralización del capital que caracterizan al desarrollo capitalista.

La Presidente de los Argentino ha anunciado tiempos de cambio pero también ha señalado que “no será gendarme de la rentabilidad empresaria”. Eso es una buena noticia.

La rentabilidad de las empresas no requiere custodios. Requiere imaginación, inteligencia, creatividad y mucho, mucho trabajo. Estamos convencidos que ese será su aporte.
[1] Si es que podamos dar por resuelta la quiebra del Estado Nacional y de la sociedad hacia fines del 2001, pese a que aún quedan acreedores por varios miles de millones de dólares sin respuesta y secuelas en la economía doméstica que, aunque como dice Llinás en su cuento: “De eso no se habla”
[2] Basta recordar la campaña de la dictadura (1976-1983) que nos ponía el sello de “responsables”, las invitaciones de Lita de Lazari, aplaudidas por Menem y Cavallo, a caminar y la campaña de gobierno del presidente Kirchner para ver el común denominador ideológico, aunque algunos se enojen y elaboren estrambóticas teorías de la diferenciación
[3] “También surge del relevamiento, que el 61,0% de los pedidos de personal no cubiertos respondió a requerimientos de sectores dedicados a producción y mantenimiento, el 30,0% para gerencia, administración y sistemas y el 8,9% restante a pedidos del sector ventas y comercialización” (Demanda Laboral Insatisfecha en la Argentina – INDEC- 5/12/2007)
[4] “Producción, distribución, cambio y consumo y nuevamente, producción” así describen la dinámica capitalista los textos fundadores de la teoría económica

03 diciembre 2007

CHEQUES

El escenario de volatilidad en los mercados de renta fija tuvo como consecuencia un nuevo incremento de las tasas operadas en el mercado de cheques de pago diferido. Incluso, debido a eso, hubo una retracción en la oferta de valores negociables. Según un informe de Compañía Inversora Bursátil (CIBSA), algunas empresas retrajeron la oferta de cheques en el mercado y por eso el volumen operado disminuyó un 29% respecto al mes anterior ($ 45.4 millones en noviembre contra $ 64 millones en octubre). De esta manera, se ubica como el segundo mes con menor cantidad de operaciones en el año, sólo por encima de los $ 42 millones operados en febrero. De todas formas, medido en términos interanuales, según el informe, el incremento del volumen asciende al 21%. “Si bien se mantienen los indicadores positivos, esto implica una desaceleración del crecimiento del mercado, ya que en el acumulado del año promedia un 48% ($ 592 millones en 2007 contra $402 millones)”, dice el informe de CIBSA. El promedio mensual para el 2007 se ubica en 54 millones.

Esta es la noticia, que publica en su edición de hoy El Cronista.

Simple y habitual en un mercado. Hay momentos de crecimiento y buen desempeño y hay otros donde los indicadores se “planchan” o descienden. Desde el optimismo natural se puede hablar de un tropezón, de una circunstancia coyuntural (derivada de, por ejemplo, el proceso electoral concluido unos días antes), y de otras cuestiones, tal vez un poco más “duras”.

Una puede ser que el incremento de tasas que se verificó durante octubre (85pb) continuó su curso y que las PYME, usuarias y protagonistas de éste instrumento financiero, no convalidaron las tasas solicitadas. En éste punto la cuestión comienza a adquirir otros ribetes más complejos, porque, como situación de muy corto plazo (apenas un mes) la pregunta que aparece es ¿Por qué se requirieron menos fondos? O ¿cómo hicieron y donde las PYME, en el caso de que los fondos requeridos sean cuantitativamente similares, obtuvieron los fondos no tomados en el mercado de cheques?

Las respuestas cambian la posición desde donde se responde. La visión optimista se nubla y aparecen ciertas dudas o presagios que preocupan.

Este retraimiento, es sólo una cuestión circunstancial o comienza a mostrar un aspecto no señalado por el operador de Bolsa en su informe. ¿Es posible que la caída del volumen se deba no al crecimiento de la tasa sino a que esos cheques no se generaron, no fueron emitidos, no porque se verificaran cambios en las metodologías de la cadena de pagos, sino porque la facturación –base fundamental para la generación de los pagos con cheques diferidos- cayó; es decir, el volumen de negocios comerciales se retrajo?

Si esta fuera la causa, en un escenario de precios crecientes (es decir que términos nominales el volumen debió crecer o por lo menos no debería haber caído tanto), ¿es posible mencionar que el comportamiento que describe la noticia se debe a una caída de ventas de las principales PYME?.

En nuestra opinión, esa es la situación. La caída de ventas da pié a una reducción de los flujos de fondos en términos de “masa”, pero simultáneamente pone sobre el tapete una cuestión fundamental: si hasta ahora esos flujos de fondo eran el punto de apoyo de la autofinanciación de las inversiones PYME, ¿podemos decir que éstas, ahora, se mostrarán más lentas, menos dinámicas, justo en el momento en el cual debe modernizarse y ampliarse la oferta de bienes y servicios?

El informe de diciembre será crucial. La demanda de fondos adicionales para el pago de aguinaldos, vacaciones y otros gastos de fin de año debería, al menos, hacer subir el volumen de operaciones de “cheques diferidos”.

¿Sucederá?

19 octubre 2007

LOS FANTASMAS NO EXISTEN

(Texto enviado a los amigos el 11 de agosto del 2007, algo asi como u$s 662.475 millones después)

Los pesimistas sistemáticos somos cómodos y poco creativos.

Tenemos la seguridad de que si anunciamos una crisis todos los dias, cuando fatalmente ésta se produzca, podremos mostrar, felices la validez de nuestro acierto. En ésto tiene razón una amiga que ayer me recordó la fábula del "pastorcito mentiroso", siempre anunciando un lobo cuya existencia es fantasmal.

Pero, los pesimistas sistemáticos tenemos un aliado incondicional: la naturaleza humana en su expresión más oculta pero verdadera: la codicia, el egoismo - ese inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás. Sabemos que tarde o temprano, esa humanidad se habrá de revelarse con absoluta fidelidad y congruencia y entonces, fatalmente (sino no seriamos pesimistas sistemáticos), esa humanidad expresará su potencia creativa en una crisis amplia y profunda cuyas dimensiones son determinadas por la velocidad con que el espanto se apodere de su conciencia.

Pero los pesimistas sistemáticos tenemos algunos rasgos de bondad a destacar: somos solidarios. Cada día ofrecemos compartir nuestros temores y desconfianzas sobre la las promesas de eternidad que nos traen los militantes incondicionales del optimismo per se.

En muchas oportunidades los pesimistas sistemáticos hemos señalado que los fantasmas, siempre rondan nuestras conciencias, más allá de que el último que parece haber alertado sobre su vitalidad haya sido Marx y antes que el, Shakespeare. Lo más llamativo es que hace ya más de 150 años que nadie se acordaba de ellos. Podría responderle a mi amiga que, al pastor le bastó un día, sólo un día, para que la grey que lo rotuló como mentiroso empedernido, valorara su visión, pero ya era tarde. No había ovejas. Conformes con la etiqueta, fueron incapaces de tomar recaudos y atender alertas. Prefierieron la descalificación, la condena del mensajero de la segura tragedia.

Sin embargo, y aunque de modo no explicito, una y otra vez, los pesimistas sistemáticos asistimos al espectaculo del terror que éste genera cuando algunos infimos indicadores parecen indicar que la noche acecha o que algun trueno parece indicar chubasco.

Veamos un ejemplo, que seguramente no será el último.

Dice La Nación (11/08/07):

"La corrida global en los mercados se profundizó ayer, haciendo sobrevolar sobre las principales plazas financieras del mundo el fantasma de un crac generalizado, lo que obligó a los bancos centrales más importantes del planeta a coordinar políticas para liberar recursos. El objetivo: dosificar la ola de liquidaciones de toda clase de activos en un intento por acotar el riesgo de quiebras indiscriminadas."

¿Cómo es posible que de golpe, por sorpresa, de modo artero, "el cielo azul, la luna clara", se vea alterado, invadido, acotado, no ya por una pequeña nube, una mera sombra casual sobre nuestra confianza pastoral, sino por la amenaza de un "tsunami" que obliga a los Bancos Centrales de Europa, Canada y EEUU a inyectar u$s 233.000 millones ( a este nivel siempre es más que menos) en tan sólo 48 hs?

Nuevamente el sabio Benjamín Franklin tiene razón. Ante la aparición de nubes y el presagio de tormenta, los prestamistas han solicitado que le devuelvan el paragua y como corresponde, el conjunto de la sociedad corre presurosa a reponerlo. ¿Quién habrá de pagar las consecuencias de tener que soportar el chubasco a la interperie?.

Los pesimistas sistemáticos tenemos identificado con bastante precisión porque venas habrá de transitar la sangre que hoy se le repone a éste herido. Más aún, sino nos intiman podemos definir ya no sólo de que lugar del planeta, sino hasta podemos poner los domicilios sin auxilio de ningun GPS. Para los habitantes de los suburbios del planeta nos basta mirar a nuestro alrededor para saber que antes o después y como parece ser nuestro destino (sin ésta afirmación no podría reclamar la categoría de pesimista sistemático), seremos convocados a reponer los costos del festín de los optimistas que como corresponde, ya habrán empezado a discursear sobre la condena al éxito que pende sobre nuestros destinos.

Para decirlo de modo menos poético: los neoclásicos con su optimismo inmensurable nos han mandado una cuenta, cuyo primer pago es de u$s 233 mil millones en las primeras 48 hs.

Han resuelto archivar, al menos por ahora y para ellos, la sabiduría que dimana de la identidad que resume la teoría cuantitativa del dinero. De golpe y sin avisarnos, en tanto seremos obligados pagadores, se hicieron fanaticos keynesianos y salieron a generar una masiva primera intervención que maquilla las grietas, y que servirá para ahogar nuestras alertas de inevitable derrumbe.

De un golpe, los acólitos del monetarismo, los batepalmas del calculo de los multiplicadores, los apóstoles de las funciones matemáticas que salvan o condenan nuestras esperanzas, fueron enviados de vacaciones.

El batallón de rescate ya comenzó a poner en práctica sus mejores recetas, por ejemplo: riesgo de crack en el BNP Paribas de Francia, hacen un "corralito" que impide a los codiciosos franceses salir como si fuera San Fermín.

Pero no debemos preocuparnos, como todos ya sabemos, la Argentina no forma parte del mundo, y por eso, las visiones de los pesimistas sistemáticos, son meras sandeces anacrónicas que ni siquiera han de rozar el optimismo y la buenaventura que nos hace seguros abonados al éxito.

Los pesimistas sistemáticos no tenemos ni siquiera la categoría de "tabanos en la oreja" y la música que brindamos suena apenas como aburrido tonete, muy lejos del límpido clarín que anima a quienes ocupan y sostienen la "tribuna de doctrina". Somos algo así como una manga de barra bravas que pretenden quebrar la armonía y sembrar fantasmas.

Pero los pesimsitas sistemáticos somos, escencialmente, realistas. Sabemos bien que la brigada de rescate tendrá éxito, que podrán reponer la confianza y que nuevamente habrán de colgar un cielo soleado sobre nuestras cabezas. Sabemos que como pacificos y buenos ciudadanos volveremos a escuchar sus recomendaciones y consejos y que hasta nos sentiremos felices de abonar el costo de los dislates. Que finalmente los temblores cesaran nuestros presagios serán ahogados por millones de libros, papers y folletos que nos desmentiran y nos zamarrearan como niños impertinentes.

Somos sistemáticos.

Viene el lobo !!!!!!!! Viene el lobo!!!!!!!!!!

27 septiembre 2006

¿NUEVAMENTE LA POLÍTICA DEL TERO?[1]

Si algo caracterizó a los “famosos años 90” en el ámbito del desarrollo empresario es la apari­ción de un discurso multifacético y polifuncional en materia de análisis y evaluación de la evo­lución de las empresas.

Cientos de visitantes del exterior dieron miles de conferencias, el Estado (en sus diversos ni­veles) invirtió fuertes presupuestos para instaurar un paradigma que pretendía hacernos creer que las leyes del desarrollo capitalista habían cambiado y que ahora lo importante era desarro­llar una imagen empresaria rodeada de simpatía y buena onda. Quienes nos opusimos a tales dislates fuimos catalogados de “dramáticos” “pesimistas”, tipos a los que había que ralear por su antipatía y mala onda.

Despertar del sueño le costo – y aún paga el precio- un tremendo dolor. Las quiebras y cierres silenciosos –y no tanto- fueron diezmando el aparato productivo, desarticulándolo, destruyendo habilidades, capacidades y conocimientos –algunos-imposibles de recuperar.

La Nación quedó al borde del colapso y su integridad fue puesta en juego a un costo altísimo. Para algunos fue repentino y parece que aún no salen de su sorpresa. Para otros no fue más que la consecuencia de una sociedad que prefirió mayoritariamente creer que existen recetas económicas mágicas -llámense convertibilidad o hiperdevaluaciones, -, en lugar de aceptar o renegar de la cuestión central que es la dinámica capitalista.

Quienes señalan que la elección del camino no es tan brutal, imaginan soluciones que asignan un rol al Estado que para su ejercicio debe cargarse de superpoderes y estar dispuesto a ejer­cerlos de modo estricto e independiente de la rendición de cuentas. No por nada en la historia económica al keynesianismo –teoría económica de alto prestigio entre quienes formulan éstas ideas- se lo conoce como la “teoría económica del fascismo”, modelo del que la sociedad ar­gentina declama querer huir.

Pero el capitalismo es un modelo de desarrollo histórico y social que tiene un único norte: la rentabilidad y ésta de ninguna manera es un hecho puntual (stock) sino un flujo permanente, que debe ser imperativamente consistente y sustentable a lo largo del tiempo.

Es por ello que la rentabilidad está inmediatamente asociada con su inmediata reinversión, como modo de ampliar el ciclo y alcance del desarrollo capitalista. Por eso no es neutra la in­formación sobre el crecimiento, a tasas sorprendentes, de la denominada “industria de la cons­trucción”.

El desvío de las utilidades empresarias hacia “los ladrillos” y no hacia “los fierros”, no es una buena señal. La inmovilización de capital supone restarle al flujo económico parte importante de contenido, de su masa crítica, implica ponerle límites y condiciones.

Muchos analistas no se preguntan porqué crece más la construcción que la ampliación del parque productivo y la renovación de las máquinas y equipo de producción. Cuáles son las razones por las que las ganancias de las empresas se desvían a los “seguros ladrillos” y no a ampliar, renovar y modernizar el equipo productivo.

La razón parece estar en la baja confiabilidad respecto del futuro o en una baja credibilidad sobre sus propias posibilidades y sobre su capacidad de crecer. No se trata de una diversificación de riesgo. Se trata de un recorte al capital comprometido en la empresa industrial.

Diversas señales indican que las tasas de crecimiento de la industria que se exhiben no son sustentables en el tiempo y que, los discursos espasmódicos
[2] en materia de política industrial en nada contribuyen a que el excelente desempeño actual se consolide.

Así, y sólo a modo de ejemplo, las altas tasas de crecimiento industrial de los últimos meses se explican por la nebulosa en que se encuentra la situación energética. La respuesta a las indefi­niciones es anticipar el ciclo productivo e incrementar los inventarios para enfrentar posibles paros de planta obligados. Pero eso es “pan para hoy y hambre para mañana”. Podríamos continuar enumerando: Ley de Riesgos del Trabajo, dislates la política tributaria municipal, fallos judiciales en materia laboral erráticos, un sistema educativo que esta más preocupado por la educación sexual que por la formación de técnicos y oficios, etc.

Lo cierto es que, en la Argentina, la tasa de rentabilidad, pese a la “mejora” que declaran mu­chos ha comenzado a caer.

Algunos hablan de paradoja. La situación es relativamente sencilla de comprender. Muchas veces en diversas reuniones con empresarios hemos señalado la necesidad de ver la Empresa como un proyecto y esa visión lleva a concluir que muchas veces “vender más” es reproducir a escala cada vez más amplia costos de producción ocultos, ineficiencias varias no cuantificadas, etc y, entonces, la “situación de mejora” que se percibe y se grafica con las cifras de venta, son meras ilusiones, visiones deformadas de una realidad que se evidencia con la caída de la ren­tabilidad de las empresas.
Un relevamiento hecho por una importante empresa de auditoria detalla que el 39,8% de los consultados admitió que la rentabilidad de su empresa cayó en el último año, y esta situación es la que importa.

Es esta la que describe el sendero a recorrer. Sin rentabilidad no habrá más y mejores empleo, sin rentabilidad, se habrán de postergar planes de inversión y modernización.

Pese a esto, el Informe también señala que "los empresarios continúan con una visión opti­mista no sólo respecto de la situación económica en el pasado reciente, sino también frente a los próximos trimestres".
Mientras tanto, los costos siguen siendo crecientes, sea por las cuestiones laborales, por más más conflictividad judicial, por los interrogantes en materia energética y por algunos aspectos de la ley de riesgos del trabajo a los que hay que sumarle la presión fiscal creciente en materia municipal y provincial ligada a la aparición del déficit de caja.
Como se dice en la jerga profesional, "la inversión tiene más que ver con la película que con la foto” o mejor dicho, la inversión, como señalamos, depende del flujo de rentabilidad que la empresa es capaz de generar.

No queremos fatigar con cifras y análisis, sólo debe tenerse presente que más allá de los dis­cursos, desde 1998 la participación de la incorporación de máquinas y equipo de producción en el PBI paso del 8,9% en 1998 al 7,6% en el primer semestre de 2006.

Y esta tendencia es la que debe preocupar. Si ésta no cambia, estaremos frente a un “parque productivo” de peor calidad tecnológica tanto por el paso del tiempo como por la propia obso­lescencia tecnológica y las tasas actuales pasaran a repetir viejas historias que deseamos hayan quedado en el pasado.

El Presidente invitó, en su última gira por EEUU, a invertir en la Argentina porque "va a haber ganancias y rentabilidad cada vez más altas"
[3]. Mucho más cerca, con menos brillo, los Industriales Argentinos esperamos que las promesas presidenciales nos alcancen y que sus funcionarios trabajen para hacerlas realidad.

27 de septiembre de 2006


Lic. Carlos Guillermo Schwartzer
Economista

[1] En referencia al modo en que éste pájaro, que es el ave elegida como representante de nuestra tierra, defiende su nido y sus crías: en un lado pega el grito y en otro pone los huevos.
[2] Pese a la retórica, no existe ningún instrumento de promoción de inversiones y la medida administrativa de crear una Agencia de Desarrollo de Inversiones apunta más a captar inversiones extranjeras en la exploración y explotación de petroleo que la instalación, ampliación y modernización de las industrias existentes.
[3] Cena del Presidente Kirchner con el Consejo de las Américas (Nueva Cork - 21/09/2009) donde también hizo explicito su interés en que los empresarios allí presentes “ganen mucho dinero" en la Argentina

09 junio 2006

Perspectivas de mitad de año: El vaso sólo esta medio lleno

Las economías capitalistas tienen un único modo de medir el éxito o el fracaso. Los economistas lo denominamos, de modo genérico, la dinámica de la acumulación de capital, y aunque muchos la asocien a la dinámica de la inversión – sea en bienes de uso, tecnología, I+D, capacidad de innovación, desarro­llo educativo u otras formas de incrementar el acervo sea de modo cuantitativo o cualitativo, lo cierto es que la acumulación de capital no es sólo una cuestión de incremento del Producto Bruto Interno
[1] o de las expresiones optimistas respecto del uso de la capacidad productiva o de la actividad económica y obviamente, se mide por los anuncios, sino por la efectivamente realizada.

En Argentina, el discurso político se ha aferrado a enumerar mes a mes las bondades de un conjunto de indicadores que parecen reflejar un bienestar general irrefutable, una suerte de “new deal” que pone a quienes lo objetan, critican o limitan en el campo de los adversarios o de los necios, pero lo cierto es que mes tras mes, la contra cara de la realidad es el incremento sistemático de la importación de bienes de consumo final ( el incremento de los bienes de consumo intermedio deberían ser sometidos a un análisis de cuanto es el valor agregado nacional incorporado a ese situación “intermedia” o si realmente encubren el aditamento de una operación de “finísh” para obtener la etiqueta de origen MERCOSUR)

En los últimos tiempos y, con lenguaje mesurado, algunos referentes políticos, económicos, sociales e incluso desde lo confesional han mostrado señales de pre­ocupación respecto de una cuestión muy específica de los procesos de acumulación de capital: las cues­tiones institucionales y su nivel de calidad.

Como señalamos, el éxito o fracaso de una economía capitalista se mide por el ritmo de la acumulación de capital, y en éste punto la literatura económica agrega un aspecto sustantivo a considerar: la acumu­lación debe darse en las esfera de lo denominado productivo, es decir, ni más ni menos en aquellos sectores o en aquellos rubros capaces de producir y reproducir la rentabilidad en escala ampliada. Si éste proceso muestra debilidades o amenazas, estamos en problemas.

En éste punto nos preguntamos, ¿el proceso de acumulación de capital se desenvuelve en la Argentina conforme lo requiere la dinámica del desarrollo capitalista ó esta sometido a un conjunto de amenazas que lo hacen no sustentable y las debilidades que aparecen lejos de ser abordadas con decisión son postergadas sin plazo?

Nuestra respuesta se formula en términos de preguntas a nuestros lectores.

¿Cuáles son los argumentos de su rentabilidad? ¿Es ésta igual, menor o mayor que hace 2 años? ¿El nivel de rentabilidad permite una adecuada modernización de su equipo productivo incorporando tecnologías que lo fortalecen frente a sus competidores? ¿ha podido mejorar el nivel de los salarios de sus trabaja­dores sin que ello haya interferido en su nivel de acumulación de capital? ¿las mayores ventas que segu­ramente Ud logró con una mayor eficiencia productiva fortalecieron su rentabilidad o si bien ésta se mantuvo en términos absolutos y la contribución por unidad vendida fue menor que antes? ¿Amplió su estructura productiva? ¿la importación de celulares incluida en el rubro “bienes de capital” puede ser computada como un incremento de la inversión? ¿Pudo sostener o incrementar su fondo de reserva o el tan mentado “colchón de rentabilidad”?. ¿Si Ud proyecta los resultados de su Empresa desde 1998 a la fecha, cuantos años de rentabilidad positiva y cuantos de negativa tuvo? ¿Cuál es el resultado?

Estas y otras preguntas son las que definen si realmente estamos frente a mera recuperación, lógica después de más de 4 años de una profunda depresión
[2] o sí, hemos llegado a un punto de inflexión en el que, según el tenor de las decisiones que se tomen, aparece nuevamente el riesgo de repetir modelos que nada tienen que ver con la sustentabilidad de la acumulación de capital.

En nuestra visión dicho proceso carece de sustento y los indicadores que se dan a conocer preocupan más aún y son una señal de alerta para las PYMI
[3] en particular para aquellas muy relacionadas con Empre­sas grandes sujetas a los “controles” en materia de precios, sea porque han suscripto convenios o porque están en la mira gubernamental. Cuando las políticas públicas accionan sobre la rentabilidad de las Empresas se inicia un proceso de transferencia regresiva de de ésta y se induce un proceso de con­centración y centralización que deja a las más débiles fuera de juego.

Nadie duda de que estamos frente a un verdadero “boom” de la construcción, pero ¿Cuál es el aporte a la reproducción capitalista de la construcción que apila ladrillos en los barrios más caros de Buenos Aires?. Se menciona que existe una gran industria asociada. Es cierto, pero se trata de un mecanismo endogámico que no aporta a la competitividad de la economía en su conjunto, y que como contra cara genera una renta que muy remotamente se transforma en capital.

El consumo parece no encontrar techo, y mes a mes, enmienda la plana de los que tenemos una mirada distinta. Sin embargo, cada día se genera un nuevo instrumento para el endeudamiento de quienes dis­ponen de empleos formales mientras quienes trabajan en la informalidad participan de modo muy margi­nal en ésta explosión consumista
[4].

Surge, entonces la pregunta, ¿puede ser sustentable una economía sin un mercado interno poderoso, dinámico, capaz de demandar productos modernos, novedosos y funcionales y no sólo aquellos que hacen a la subsistencia? ¿Qué opinión nos merece la necesidad gubernamental de acordar una canasta de 16 productos vitales destinada a nuestros conciudadanos más pobres?
Es correcto mirar la competitividad de la economía argentina, observando la evolución de las exporta­ciones, pero, y siempre pero, ¿Qué exportamos?. Ya en 1870, en un muy famoso y temprano debate sobre la denominada tarifa aduanera, Carlos Pellegrini advirtió que sin una política industrial seriamos “meros exportadores de pasto”. La visión conmueve y nos exime de argumentar. El 70% de las exporta­ciones son Manufacturas de Origen Agropecuario (32%), Productos Primarios (20%) y Combustibles y Energía (18%).

Si la política pública no logra crear el marco institucional que permita que las respuestas empresarias se expresen en el desarrollo y fortalecimiento de sus estructuras de capital de modo sustentable, corremos el riesgo de repetir viejos y malos hábitos que nos llevaron a mutar el optimismo en apenas horas.
[1] Una buena medida de nuestra situación la daría poder evaluar el comportamiento del Producto Neto Nacional, es decir cuando consideramos los resultados de la balanza de pagos y restamos las amortizaciones del equipo de producción. Pero oficialmente el valor de ésta variable no se publica y si existen estimaciones privadas, por diversas razones se prefiere mantenerlas en privado.
[2] Segundo semestre de 1998 hasta fines del 2002
[3] La especificidad de la referencia tiene que con que las PYME incluye la cuestión comercial y éstas parecen ser indiferentes a la suerte de la Pequeña y Mediana Empresa Industrial, en tanto su único objetivo es la venta, que en su visión de corto plazo, hace irrelevante el origen de los bienes que transa
[4] Notese que nos referimos a “empleos formales” y a “trabajos informales” para denotar situaciones bien distintas en la calidad de las relaciones laborales

02 marzo 2006

POLITICA MONETARIA: EL ETERNO RETORNO A LA ORTODOXIA

POLITICA MONETARIA: EL ETERNO RETORNO A LA ORTODOXIA

En publicaciones anteriores, señalamos que por detrás del discurso progresista, que algunos llaman erróneamente populista, se encuentra una política económica cuya estructura ideológica es absolutamente regresiva y que fue soporte de las dictaduras militares que ensombrecieron la historia instalando un dolor perpetuo en la sociedad.
Decíamos, en relación a algunas medidas cambiarias que por detrás estaba “Nada más ni nada menos que el enfoque más denostado por el propio John Maynard Keynes ( de quienes se dicen tributarios los diseñadores de la política económica): la teoría cuantitativa del dinero que los “teó­ricos” que la cultivan sintetizan en una identidad o expresión tautológica que dice que la cantidad de dinero (M) multiplicada por la velocidad de circulación del dinero (V) es idéntica (ellos sueñan con la igualdad) al nivel general de precios (P) multiplicada por la cantidad de transacciones (T) que se desarrollan en una economía.”

Y continuábamos:

“A partir de allí y bajo el supuesto de que la cantidad de transacciones y la velocidad de circulación del di­nero son constantes, señalan que todo aumento en la cantidad de dinero se transmite completo al nivel general de precios. Necesitan, en consecuencia, a toda costa “mover” unos de los argumentos de la con­cepción ideológica (la teoría es algo más serio y riguroso) que respalda la política monetaria sustentada. Y eligieron “T” (cantidad de transacciones), porque según ésta concepción ideológica allí se representa la “oferta de bienes y servicios”, independientemente de su origen, sea nacional o importado.”

“Es por eso que están más que atentos al nivel de inversiones que podría ampliar el volumen físico de pro­ducción (pero no inmediatamente la cantidad de transacciones en tanto la tecnología que se incorpora es, en general, ahorradora de mano de obra motivo por el cual no “mueve “T” de modo automático) o, tal como sucede, dado que debe incrementarse la oferta, sino se produce localmente o hay limitaciones (no se ana­liza el porqué) se debe incrementar la importación de bienes. Después de todo para ésta visión, el origen es lo de menos.”

Pero el desarrollo de los acontecimientos – la inversión, si existe, no tiene efectos instantáneos y el consumo parece haber entrado en una meseta que los bateleros del optimismo tarde o temprano deberán reconocer.
El que si ya reconoció que la “teoría cuantitativa del dinero” (conocida en la profesión como Identidad de Fisher) no admite heterodoxia y reclama sí, una estricta disciplina primero monetaria y finalmente social.

Es por ello que lisa y llanamente el Banco Central (BCRA) tiene prácticamente decidido subir los encajes.

El encaje o efectivo mínimo es la proporción de fondos que deben inmovilizar los bancos por cada depósito que captan del público; una suerte de "colchón de liquidez" ante eventuales retiros de fondos y que implica “esterilizar” dinero, es decir si la velocidad (V) y la cantidad de transacciones (T) no aportan y tal como señala la “teoría” son constantes en el corto plazo, el Banco Central ha tomado la drástica medida de disminuir la variable M ( es decir la cantidad de dinero) para controlar, esa es la ilusión, la variable P ( nivel general de precios).

Elevar tres puntos el encaje de cajas de ahorro, cuentas corrientes y otras colocaciones a la vista implica esterilizar unos $ 1.900 millones adicionales a los existentes (o un total de aproximadamente $ 11.000 millones).

Lo que no dicen es que, esa esterilización de dinero por parte de los Bancos no es gratuita, no es un aporte patriótico. Tiene costo. Los encajes, desde la época de Martínez de Hoz, son remunerados. La tasa actual es del 2,55% anual y la erogación no está computada en el Presupuesto Nacional, por lo que se la denomina “déficit cuasi fiscal” y la cuenta que contabiliza éste dislate ortodoxo, se la conoce como Cuenta de Regulación Monetaria, que pese a los malabares discursivos termina convirtiéndose en una “bola de nieve”.

Se utilizaron divisas para cancelar una deuda que como mínimo era ilegitima, sin quita, en lugar de destinarlos a desarrollar un amplio programa de acumulación de capital liderado por las PYME. Ahora, en el altar de la ortodoxia monetaria, se volverá a mutilar las oportunidades de desarrollo y fortalecimiento de las PYME, porque la tasa de interés habrá de aumentar y porque nuevamente los bancos habrán de priorizar los crédito de rápida rotación (como los personales) en lugar de las financiaciones de largo plazo a las empresas.

El hombre es el único mamífero que tropieza dos veces con la misma piedra. Los argentinos nos encaminamos a un nuevo record: nos tropezaremos por enésima vez con la piedra y como “bonus track” También chocaremos con la montaña.
POLITICA ECONOMICA: LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS
(Publicado originalmente el 21 de febrero de 2006)
La estrategia económica tiene dos pilares indiscutibles: tipo de cambio alto y superávit fiscal.
El tipo de cambio alto, contribuye, según esta visión, a la protección de la industria nacional que tiene allí una barrera que protege el mercado interno y simultáneamente, le genera una adecuada competitividad para cuando exporta.
Lo que no dice es que esa política de tipo de cambio es el fundamento de un doloroso record que debe computar el “progresismo” gubernamental y su “preocupación” por la gente: la regresiva distribución del ingreso que ha puesto una insoportable distancia entre una minoría muy rica y una mayoría extremada­mente pobre. La miopía de la política económica no puede ver éste escándalo que pone en riesgo la convi­vencia democrática.
Sin embargo, la política económica, como ha sucedido a lo largo de la historia argentina, es paradojal, siendo éste rasgo el que limita de modo estructural el desarrollo de una dinámica de acumulación que de fundamento a un sistema productivo moderno e inclusivo.
La incongruencia se refleja en la condena a los “90” como artífices de todos los males mientras se sostienen sin cambio las políticas más impopulares: entre ellas el impuesto a las transacciones financieras, ganancia presunta y mínimos no imponibles que convierten en contribuyentes a quienes perciben salarios apenas por encima de la línea de pobreza. Se decide promover la inversión pero no se permite el ajuste por inflación que la limita.
La novedad (sutil, pero indicador de la línea de pensamiento de las ideas económicas del Gobierno) es que, para mantener el tipo de cambio (peso / dólar) en una banda entre $3,05 y $3,10 los esfuerzos del Banco Central no alcanza y requiere que otros posibles demandantes se muestren más activos, porque en la visión conceptual de quienes diseñan la política monetaria, la expansión monetaria que genera la compra unilate­ral de divisas (dólares) es un argumento que promueve la inflación.
Que hay, en primer lugar detrás de ésta concepción.
Nada más ni nada menos que el enfoque más denostado por el propio John Maynard Keynes ( de quienes se dicen tributarios los diseñadores de la política económica): la teoría cuantitativa del dinero que los “teó­ricos” que la cultivan sintetizan en una identidad o expresión tautológica que dice que la cantidad de dinero (M) multiplicada por la velocidad de circulación del dinero (V) es idéntica (ellos sueñan con la igualdad) al nivel general de precios (P) multiplicada por la cantidad de transacciones (T) que se desarrollan en una economía.
A partir de allí y bajo el supuesto de que la cantidad de transacciones y la velocidad de circulación del di­nero son constantes, señalan que todo aumento en la cantidad de dinero se transmite completo al nivel general de precios. Necesitan, en consecuencia, a toda costa “mover” unos de los argumentos de la con­cepción ideológica (la teoría es algo más serio y riguroso) que respalda la política monetaria sustentada. Y eligieron “T” (cantidad de transacciones), porque según ésta concepción ideológica allí se representa la “oferta de bienes y servicios”, independientemente de su origen, sea nacional o importado.
Es por eso que están más que atentos al nivel de inversiones que podría ampliar el volumen físico de pro­ducción (pero no inmediatamente la cantidad de transacciones en tanto la tecnología que se incorpora es, en general, ahorradora de mano de obra motivo por el cual no “mueve “T” de modo automático) o, tal como sucede, dado que debe incrementarse la oferta, sino se produce localmente o hay limitaciones (no se ana­liza el porqué) se debe incrementar la importación de bienes. Después de todo para ésta visión, el origen es lo de menos.
En la historia argentina ésta teoría estuvo en todos y cada uno de los fracasos y fue el telón de fondos de las políticas económicas de las dictaduras militares, como en el caso de Martínez de Hoz y su compincha Guillermo W Klein más su ingeniero monetario en el Banco Central: Adolfo Diz.
Por eso no llama la atención que el Banco Central mediante la comunicación "A" 4496, la autoridad moneta­ria dispusiera suspender el punto 1 de la Comunicación "A" 4385, donde se indicaba que el acceso al Mercado Unico y Libre de Cambios para efectuar pagos por compras de bienes de consumo y uso final de­bía efectuarse en forma anticipada, o antes de los 30 días corridos posteriores a la fecha del despacho a plaza de los bienes, o de su ingreso a la zona franca (ZFI). Además, la norma suspendida disponía que las financiaciones en moneda extranjera de entidades financieras locales de pagos de importaciones, fondea­das en pasivos externos de la entidad local, "no podrán exceder el plazo máximo establecido para el acceso al mercado de cambios para el pago de estos bienes".
De ésta manera la autoridad monetaria pide “ayuda” a los importadores y a los bancos para que accedan al mercado de cambios a demandar dólares para sostener el tipo de cambio que se le esta yendo de las ma­nos y genera, en la visión miope de la denominada “teoría cuantitativa del dinero”, presiones inflacionarias. Como aliciente los libera del costo financiero –y obviamente las dificultades para acceder al financiamiento - de anticipar la compra de divisas y facilita, por ésta vía, la importación de bienes de consumo y uso final, es decir, incrementa el valor de “T” que en la ilusión ideológica debe compensar (o sobre compensar) la emi­sión de pesos para la compra de dólares.
En los hechos, y aunque la medida cambiaria parece extremadamente sutil, se sacrifica a la industria nacio­nal en el altar de una política monetaria de corte reaccionario y se protege un tipo de cambio que le permite al complejo agroindustrial y a los negocios petroleros mantener una rentabilidad inalterable.
Finalmente, y como siempre, la gran perjudicada de ésta “silenciosa e imperceptible decisión invisible a los ojos” es la PYME – fundamento estratégico de la Industria Nacional, que habrá de enfrentar ahora a un sector importador con mejores posibilidades mientras que sus condiciones de desarrollo y fortalecimiento continuaran en “boca de todos pero en manos de nadie” como decía un importante dirigente empresario.